Bajó un hombre desde la montaña,
encubierto en una gabardina oscura,
y se dirigió a las gentes del pueblo.
Aclaró su garganta, y, con voz grave,
dijo:¡Conozco un profundo secreto!
La gente del pueblo gritó: ¿Cuál?
Éste contestó: ¡La verdad!
Y el hombre se fue corriendo.
Entonces, claro, las gentes le siguieron,
casi histéricas, sin enterarse la mitad,
hasta que llegaron a lo alto del cerro,
y al oírse el grito de: ¡Danos la verdad!
El hombre desabotonó su gabardina,
y con una extraña y torcida sonrisa,
mostró a las gentes un espejo.
Allan