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30 de agosto de 2015

Estimada Diana:

El otro día decidí caminar inconscientemente hacia el final del vagón, movido por una fuerza que no sabría razonar. Al sentarme, me llamó la atención el pequeño batiburrillo que formaban los empleados de seguridad y otros trabajadores del metro. Posteriormente, la luz violenta y acosadora de los incandescentes me llevó a cubrirme con las gafas de sol, que siempre procuro sacar de casa en previsión de situaciones como aquella. Pero ocurrió algo durante el proceso en el que llevaba los cristales tintados sobre mi nariz. Y aquello, sin opción de duda, es lo que me ha llevado febrilmente a escribirte esta carta, y a entregártela en mano, no sin con ello provocar tu asombro, e incluso, tu temor ante semejante acto extraordinario.

Al verte, antes de balbucear sin a penas voz una pregunta sobre tu signo zodiacal, descubrí tu piel blanca como la nieve virgen, y sobre ella, esos, tus ojos, que sólo podían conducirme hacia una profunda sensibilidad envuelta en misterio. Escorpio no eras, aunque el aniversario de tu madre, como el tuyo en el signo de Libra, me condujeron entonces, y ahora, a la certeza de que albergas algún planeta en el signo de Plutón y Marte. Aún hoy, al escribir estas palabras que me declaman como loco a los ojos de cualquier moral, me estremezco al imaginar todo aquello que se desprenda de tu piel o de tu psique. Por tu indicación, sobre tu futuro oficio, puedo deducir que si eres mayor de edad, es un hecho reciente en términos de años. Y por tu inquietud hacia la psicología o la medicina, puedo averiguar un ferviente deseo por profundizar en aquello que forma al ser humano, bien sea su cuerpo, o su espíritu. Me atrevo, como hice en aquel vagón, y sin a penas conocerte, a aventurarte hacia la psicología, o en caso de que optes por la medicina, en dirección a la psiquiatría. Esto te lo aventuro, a sabiendas de que no recibiré respuesta alguna por tu parte, simplemente como un consejo que me brinda la intuición.

Pero en caso de que decidas contestarme, y de que esta carta no caiga en el miedo, te ruego, me permitas de alguna forma, por pequeña e insignificante que sea, que yo, desde mi más absoluta e irracional humildad, pueda al menos una vez más observar tu fragilidad de cristal nunca antes vista por mis cansados ojos. Y con ello, sin más exposición sobre mi persona que la que te brinda esta carta, pueda conocer también la razón por la que tus ojos del color de las hojas miraban al piso de aquel vagón de forma tan melancólica y sublime.


Con respeto y admiración,


Mxgxxl Sixxra


PD: Y porque aún creo en la utopía, te regalo con esperanza los números que darán conmigo:


seis ocho siete xxxx cinco cuatro xxx xxx dos
Ana de Vera llora y sueña
Bañada en misterio y niñez. 

Ana de Vera busca y juega
Entre el abismo de piedra
Que emana su piel. 

Ana no ríe como antaño
Reían juntos sus labios
Bajo el arrabal. 

Ana de Vera escucha y ruega
Caída del cielo de ángeles. 

Ana de Vera regresa sin sangre
Atrapada en el suelo
Que nunca eligió. 

Ana ya no tiene suave a quien amar
Como sí amaba las aves
Prendida en su cuerpo.

Ana de Vera llora y sueña
Bañada en misterio y niñez. 

Ana de Vera sumerge sus penas 
En palabras calladas 
Que al sol entrega. 

Ana no entiende los ruidos y llantos 
Que le arrebatan el alma
Vestida de mar. 

Ana de Vera escucha y ruega
caída del cielo de ángeles. 

Ana de Vera canta y siembra
En la voraz calavera 
Que no supo ver. 

Ana descubre al Ser su pecho
Se arrebata sin miedo
Se deja caer. 

Ana de Vera llora y sueña
Bañada en misterio y niñez.
Antes de salir de casa, he agregado a María Caballero, la amiga de Claudia Loring que es un misterio, y es escorpio luna en leo, y a la vuelta, le he contestado a un mensaje sobre si nos conocemos, y luego he comentado dos fotos suyas admitiendo que voy borracho y pidiéndole matrimonio, mañana me sentiré fatal, pero recordadme vosotros, o la tecnología, que es por estos pequeños y absurdos actos por los que me mantengo con vida.

Leopoldo María Bresson