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8 de diciembre de 2015

Mi alma,
anciana como la canción del agua,
goza dichosa cada giro de la rueca.
En el brillo de mis ojos
hay innumerables historias de las eras,
pronto retornaran a la sombra nocturna.
Mi mano es como la piel del roble,
poblado de cicatrices eternas,
por eso tómala, quien quiera que seas:
Camina conmigo haciendo el amor.
Amaremos y amaremos
hasta la primera luz del alba, y sin tristeza,
bailaremos juntos el último adiós
para volvernos a encontrar.
Las almas nunca abandonan el hogar
y cada mirada ya se ha consumado antes.

7 de diciembre de 2015

Mi poder es el poder
Mi deseo es el deseo
Mi tristeza es la tristeza
Y Mi alegría es la alegría
Mi hambre es el hambre
Mi sueño es el sueño
Mi amor es el amor
pues yo soy el ser.


4 de noviembre de 2015

Todos tenemos la sed 
y todos tenemos el cántaro.
No tomes; da de beber.

Y recuerda, grato, al dar,
el generoso milagro
que es cuanto te han dado.


Al niño que le quiten
una margarita de las manos
empleará toda su vida en buscarla.


El hombre que
abandona la imagen de sí
se vuelve un viento, un bebé,
una estrella regocijada en las sombras.
Olvidando lo que recuerdas
y recordando cuanto olvidaste,
Aceptando lo que negaste
y negando cuanto has aceptado,
Amando lo que discriminaste
y discriminando cuanto amaste,
En resumen, integrando lo rechazado
y rechazando lo que has integrado
te entregarás el místico abrazo
que te hará ser a ti
contigo mismo.


Cuando era pequeño
me mordió una araña.
La herida nunca sanó
y en el mismo punto
en el que la araña mordió
a lo largo de mi vida
vinieron miles de mosquitos
a morder a conciencia.

Aunque el morder del mosquito
fuese, por mucho, menor,
cada vez que uno de ellos picaba
era la araña que mordía nuevamente.


Hubo una vez
que lastimé un hombre
y en el dolor de su mirada
solo pude ver sombras de mi mismo.

Solo mi corazón recibió ese daño.

Hubo una vez
que me lastimó un hombre
y en la ira de su mirada
solo pude ver sombras de mi mismo.

Solo mi corazón recibió ese daño.

Y ese daño que recibió mi corazón
no era si no un eco resonante
del primer daño originario
en la creación.


La muerte, el final de todo,
es una dimensión posible
en la vida de un hombre.

El hombre que no quiere ser,
al que dolores insoportables
le atormentan sin descanso,
tiene que aprender a morir.

La muerte, la sagrada desaparición,
el olvido, el alivio de toda carga,
el abandono de ser uno mismo,
-no biológicamente hablando-
¡De eso has de ser aprendiz!

El arte más elevado es saber morir.
Nada aflige, nada altera, nada llega
al Maestro de la muerte que
con máscara de hombre
va caminando.



Tu carne es la memoria
y tu rostro el giro de la luna,
Tienes un nombre de tanto repetirlo.

Deja que tus huesos sean agua,
que tus cabellos se abrasen
en el fuego de la creación.

Tu carne es la memoria
y tu rostro el giro de la luna,
tu corazón es un ancla de las eras.

Eres la ardilla en la rueda,
eres el Atlas del conocimiento,
eres el esclavo de tu condición.

¡Liberate! ¡Despierta!
deja que tus huesos sean agua
recién nacida y pare,
como la madre naturaleza,
el hijo de ti mismo.


Tú sufres.
Tu lágrima
es un jade silencioso
que empapa hoy la tierra.

¿Pero Tú eres real?

Tu gozas.
Tu satisfacción
es un suspiro enternecido
que alegra hoy los vientos.

¿Pero Tú eres real?

¿Es real la rosa que hueles,
la fruta que saborea tu boca,
el dulce beso de aquel que amas?

Los ojos 
tienen al espejo
para verse viendo.
¿Pero cual es el espejo
para que se vea el pensamiento?

Su espejo es el tiempo
que se alimenta del tiempo
generando la ilusión del movimiento
del que se sirve el pensamiento
para hacernos creer
que somos siendo.

28 de octubre de 2015

La cereza
del cerezo
que quiso ser
como el cedro
acabó siendo
sangre derramada.

En el hermoso cielo
en el que el sol y la luna
son tan solo un único amante:

Allí me encontraras remontando mi vuelo.

No me busques: Ya estoy en ti.
No mires arriba o abajo,
cierra los ojos.

En el hermoso lago
inamovible, limpio y puro,
en el que nada hay reflejado.

Allí me encontraras regocijado en mi nado. 

No me llames: Ya estoy aquí.
Soy hijo de un padre
¿No fue éste hijo?

Sin embargo permanezco allá
antes de que el hijo fuera padre,
antes de que el Orbe
tuviera nombre.


Es un burro
aquel que tiene una espina en el pie
y por tener una espina en el pie
hace de toda su existencia
una espina.


La mente,
contando cada estrella,
se ciega a la negra totalidad
que el corazón abarca.

Y de estrella en estrella
por querer contar,
ve solo estrellas en el cielo,
ve solo gotas en la mar.

Así no es cielo el cielo,
ni agua el agua es
para el que viene
a pensar.

Mira hijo,
cómo con la luz mañanera
se alimentan el hombre, la bestia
el sauce y la luna llena.

-Le dijo un campesino a su hijo-

El hijo, sin saberlo aún,
escuchó, y siguió trabajando la tierra.

Fue el hijo una sombra del padre
y el padre una sombra del hijo.
En tanto que el padre murió,
y el hijo vertió una lagrima.

Lo que no sabía
es que al llegar de nuevo la muerte al hijo,
aquellas palabras insignificantes y olvidadas
vendrían de nuevo a resonar a su cabeza:

Mira hijo,
cómo con la luz mañanera
se alimentan el hombre, la bestia
el sauce y la luna llena.

Dura un parpadeo en la existencia
el tiempo en el que el hombre
comienza a ser tierra,
el tiempo en el que la tierra es flor,
el tiempo en el que la flor
es garza que vuela.
Y son hombre, tierra, flor y garza
el mismo ojo que en un instante
parpadea.


Una vela es un objeto muerto
hasta que un hombre prende su fuego.

Un hombre es un objeto muerto
hasta que el amor prende su fuego.

El fuego del amor es la llama
que ilumina la estancia interior
y no hay rincón que quede obscuro
cuando a un hombre le vence el amor.

Y el hombre vencido,
tendido de rodillas en el suelo
ve como de su ombligo nace un fénix eterno
que arde, y ascendiendo al cielo
canta el más hermoso secreto.

Es para el hombre el amor
lo que para el ave el vuelo.


¿Podrían contener estos versos
la magia, la belleza y la Realidad
de la flor de un pequeño almendro?

¿Podrían contener estas palabras
la dulce emanación de su perfume
o la suave tersura de su hoja blanca?

¿Podría contener la flor de un almendro
la visión del poeta, la palabra y verbo,
y el amor con el que teje este verso?