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14 de marzo de 2014

13/03/2014


La gente habla cuando está incómoda. Yo cuando estoy incómodo permanezco en silencio. Es en las escasas situaciones en las que me encuentro cómodo, socialmente, cuando me permito hablar. Y ahí sí, hablo mucho. Quizás más de la cuenta, como todo el que habla mucho. Mañana me entregarán las llaves de mi nuevo hogar. Lejos de esta periferia que huele a podrido entre tanto apretón de manos. Quizás no sólo cambie mi cuerpo de residencia, sino también de máscara. Una vez más, me despido.



12 de marzo de 2014

Deja a tu novio. Vente conmigo. Soy un artista. Es muy complicado. Tengo un ego tan grande como la estupidez humana. Tengo un sufrimiento tan grande como la estupidez humana. Deja a tu novio. Vente conmigo. Soy un artista. Es muy complicado. Tengo un pez de color amarillo. Tengo un gato. Te tengo a ti. No tengo nada. No poseo nada. No soy dueño de nada. Deja a tu novio. Vente conmigo. Habla. Da tu opinión. Confórmate. Deja a tu novio. No te suicides. Vente conmigo. Soy un artista.

Sin fechar.

5 de marzo de 2014

BOLETÍN INFORMATIVO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR

Constantemente mirando hacia fuera. Qué aburrido. Gracias a dios esto, gracias a dios lo otro. Basta ya de consideración excesiva hacia lo que parece no estar a nuestro alcance. Todo lo que nos sucede en la vida, ocurre porque nos debe ocurrir. No es justo, ni injusto, sencillamente sucede. Y si mirasemos más hacia nosotros mismos, quizás encontraríamos una o dos herramientas para revertir las situaciones que se nos complican en apariencia. Y quizás haríamos reflexión de aquello en lo que hemos errado. Incluso podríamos encontrar motivos, hasta en la más desesperada de las situaciones, para ser felices. Pero no, todo se lo debemos a dios o a la ciencia. Y yo, amigos míos, sugiero que volquemos nuestra fe y nuestro conocimiento en lo que hay dentro. Pues en ello reside lo unicamente verdadero. Todo lo demás, es simple parafernalia. Y una vez dentro, os aseguro amigos míos, descubriréis que todo lo de fuera, no es más que un simple reflejo de lo que albergamos en nuestro interior. Y que Dios sea con vosotros, y con vuestro espíritu.

05-03-2014

DIÁLOGO CON STEINBERG

Creo que empezaré a saludar a la gente con la mano izquierda. Probablemente muchos me tomen por imbécil, ante cuyo asombro responderé con una simple explicación: "La mano derecha es con la que se da la mano para entregar, la mano izquierda es la que debe darse para recibir". Entonces algunos fascistas, como los que yo quise emular en mi turbulenta adolescencia, me llamarán afeminado por entregar la mano siniestra con la palma al cielo y el ofrecimiento de mi carne y su tacto. Les diré que sí, que varias etapas después de creerme parte de un rebaño como señal de identidad propia, reconocí el alma dual que habita en mi cuerpo de hombre. Y les diré también que empiecen a saludar con la mano izquierda, no sólo a ellos, especialmente a ellos no; sino al resto de habitantes que me rodean en mi ciudad, o en mis informativos, y que ponen más consciencia en lo que dan que en lo que reciben. Y entre ellos también me incluyo a mí mismo, dos segundos después de terminar este breve delirio, cuando vuelva al vicio más antiguo, que no es irse de prostitutas, sino distraerse con cosas absurdas.





3 de marzo de 2014

Temo mucho todo lo que desconozco. Supongo que miedo e ignorancia sólo cambian de letras. Cada vez que mi mente vuela a algún lugar en el pasado o el futuro sólo puedo sufrir. Supongo que la vida es sufrimiento. Diría lo contrario, alegando que es en el presente donde me encuentro en paz. Pero mentiría si así lo hiciera, pues el presente me resulta vacío y arrebatador. Quizás sea el poder de esta máquina desde la que escribo, que favorece al viento que me aleja del todo. Dicen que ahora estamos más conectados con esos programas de vida compartida. ¿Pero dónde quedaron el tacto y el olfato con todo eso? Fueron olvidados, como me olvidé yo del mundo desde el interior de esta ventana conectada a la red eléctrica.  Ojalá pudiera salir y abrazaros a todos, os besaría sin distinción de edad o sexo. Olería vuestro perfume único y descubriría en el tacto de vuestra piel lo que significa ser humano. Pero me temo que os desconozco y por ello me temo. Esto no es más que otro cuerpo donde depositar nuestro alma común, sólo que sin la belleza de la curva o el silencio de frente. Sólo notificaciones y fotografías sin ningún mensaje. Y yo me aburro, en mi interminable presente, donde la vida me consume sin que aparentemente pase nada.


03-03-2014

27 de febrero de 2014

Nosotros sólo poseemos una cosa,
a la que llamamos consciencia.

Es nuestro único tesoro y nuestra única responsabilidad.

Es lo que nos hace amar y odiar al mismo objeto,
sólo con cambiar de punto de vista.

Somos necios y soberbios en nuestra creatividad desperdiciada,
como el semen a ninguna parte, o el deseo interrumpido.

Somos más que nuestros cuerpos y menos lo que sabemos de ellos.

Cuándo un conocido personaje, o un familiar, o un cercano cualquiera,
atraviesa la puerta de la muerte con sólo abandono,
y se olvida de su consciencia y nos la entrega;
ahí conocemos nuestro secreto,
ahí lo que llaman luz como si aquí no la hubiera,
ahí la verdad por descubrirse,
ahí el tesoro o el crimen de la consciencia.

Nosotros poseemos otra cosa:
la necesidad de distraernos.



27-02-1989


26 de febrero de 2014

26/02/2014

Me sorprende la facilidad con la que se desenvuelve la gente en las situaciones cotidianas. Acciones tan aparentemente sencillas como saludar a un vecino en el supermercado, o recibir al trabajador de la compañía eléctrica para su habitual registro, me resultan desproporcionadas a semejante esfuerzo que me suponen. Yo, si es que así puedo llamarme con honradez, que hago de los asuntos divinos, como la muerte o el sentido de la misma, un simple dato que añadir a mi consciencia en imparable, y subrayo lo de imparable como elemento contra mi voluntad, expansión hacia lo todavía, o quizás nunca, por definir; yo, que soy incapaz de obrar con aparente normalidad en los asuntos que requieren de trato humano, y que solamente soy capaz de mostrarme de forma patética bajo el secreto de la noche y en recipiente de plástico; yo, el mismo que trata de definirse y se define por ello, me declaro ante vosotros: sólo un ser sin nombre, que solo teme ser nombrado.


22 de febrero de 2014

SOBRE LA INCAPACIDAD DE SER LIBERTINO Y ROMÁNTICO.


Entre ser un libertino y ser un romántico, elijo lo último. He de decir que lo hago en absoluto desacuerdo con mi voluntad intelectual. No obstante, mi verdadera voluntad, la emocional o intuitiva, nunca ha dudado. No concibo idea de mujer, ni la más carnal y efímera, sin que exista en ella un momento de tristeza, una intimidad compartida. Es necesario, en mi caso en extinción, que la palabra y los ojos vayan de la mano. Que ambos reluzcan y se muestren frágiles, para que al ser entregados, siempre exista el miedo a romperse del todo. Pero nunca solos. En cambio, si fuera un libertino, quizás me saciara encontrarme con múltiples agujeros, que en un rápido entrar y salir me devolvieran la calma y la belleza que ansío. Mas su superficial apego, el de los libertinos, pese a ser admirado por mí desde que tengo consciencia de su existencia, me resulta inhumano, como las nuevas tecnologías, métodos y costumbres que abundan en este nuevo siglo. Honestamente, prefiero el sufrimiento y la indiferencia, al simple uso materialista del cuerpo humano. O quizás no, quizás no solo el intelecto, sino también la emoción me engañen. En ese caso, que me entregue yo al amor cuando el amor me lo pida, y al exceso cuando éste me lo demande. Pero que no me dejen vagar más entre ambos, o me temo, no quedará nadie con la capacidad de elegir dentro de este cuerpo, que me resulta inútil y absurdo, a la par que bello y sorprendentemente único.

22-02-2014

17 de febrero de 2014

17/02/2014

Todos gritan. Yo, en mi silencio autoimpuesto, siento una necesidad de mandarles callar. Pero qué derecho poseo sobre la libertad de mis semejantes, como para aconsejarles, o pedirles, y en menor grado, imponerles, cualquier cosa que atente contra su libre expresión. Mi hermano menor grita porque es un niño y reclama la atención que tampoco le entregó su madre, presente en un plano físico pero no emocional. Su padre directamente se ausenta físicamente, y le llora con un vaso de ron cada noche. Mi hermano menos menor también grita. Grita porque nunca le escucharon y tampoco le prestaron atención. Yo lo atribuyo a que su sol nació en el signo del león y reclama de todos una mirada. Mi prima de dos años grita, porque no entiende eso a lo que llamamos comunicación, y también reclama su momento de protagonismo, ante la ausencia emocional de su madre física, o de su padre directamente inexistente. Mi tía grita porque nunca la escucharon. Decide enfadarse y se altera. Mi madre grita para hacerse oír, para imponer su autoridad, por ser esa la única manera que conoce de hacerse respetar, que aprendió de su padre, sin que la culpa tampoco fuese suya sino de su madre que nunca le abrazó. Y así sucesivamente. Me pregunto si no grito yo también en mi silencio, o cuando me veo obligado a beber más de la cuenta para liberar mi garganta y aprovechar que varias orejas me rodean. Todos gritan y a mí me duele. Pero su grito no es más que el mío, que reclama ayuda y atención, quién sabe, si de mí mismo.

15 de octubre de 2013

15/10/2013

Toda mi vida quise suicidarme. Hace poco más de un año conocí a dos personas que también habían sentido ese deseo a lo largo de sus días. Ya no quiero suicidarme. Ya no temo a la muerte. Ya no la deseo. La vida me pesa a diario, repetidas veces. Cuando veo un informativo o me detengo a pensar en la clase de humanos entre la que habito. Con las guerras y el dinero y todo eso. Me repugna. Pero luego
pienso en mis guerras y mi dinero y todo eso. Y también me repugno. Sólo que ahora no quiero suicidarme. Ahora cada vez que vivo uno de esos momentos en los que la vida del mundo me pesa, me pregunto qué es lo que me pesa de mi vida. Y encuentro conflictos, envidia, rencor. Y encuentro sentido de la posesión y necesidad material y avaricia. Y todo eso. Entonces me pregunto de dónde sale. Cuáles son las causas que me llevan a mirar con lupa el dinero que me gasto, o que me queda; o por qué preferiría estar en lugar de ese otro y le maldigo por no ser él y su novia bonita y su coche bonito. Y no hallo una explicación lógica. Como las explicaciones lógicas que exijo a todos aquellos que me causan estupor en la prensa o los informativos. No comprendo cómo puedo tener sentimientos tan alejados de la compasión por todo cuánto me rodea. Si todo es como yo, con nuestras guerras, nuestro dinero y todo eso. Y tengo tanto trabajo por hacer en mi propia batalla, en mi propio cuerpo y mis acciones. Cómo puedo querer cambiar el mundo, si me niego a cambiar en mi propia vida. Si prefiero la seguridad de lo conocido, a arriesgarme a conocer lo que me garantiza una nueva visión. Por muy terrible que parezca, siempre lo nuevo es mejor que lo conocido que estorba. Como aquellas cosas que hacen que la vida pese a diario. O que incluso den ganas de suicidarse. Puedo decir que ya no me preocupo de eso. La vida es un reto, sí, pero hay que jugárselo.

17 de agosto de 2013

17/08/2013

¡Hay Pezón! - exclamaron todos los efectivos del regimiento de las ocho. - ¡Al abordaje! - Salieron disparados por el túnel proyector elevado. No conocían sus destinos, esos que tantas veces habían imaginado. Y se palpaba una incertidumbre viscosa en el ambiente. Pronto los más osados cogieron ventaja, arriesgándose a ser los primeros en caer, flotaban camino arriba con el mayor impulso que puede ofrecer un volcán. Sin embargo, al chocar contra las ninfas cristalinas de protección, los primeros cayeron. Se adentraron en el templo de las cuatro puertas, abriendo camino los efectivos más generosos, sabiendo que podrían quedar muy pocos de los suyos, para cuando alcanzaran el soñado fin. Así fue, con su empático misión de abrir camino al resto del regimiento, la mayoría de los generosos cayeron. Detrás iban los más astutos, que habían permanecido bien escondidos tras sus camaradas empáticos. Pero a la hora de elegir camino, la primera avanzadilla pasó tanto tiempo preguntándose a dónde ir, que los efectivos más realistas, los que avanzaron todo el camino en posiciones más retrasadas, se dividieron y abordaron los caminos  del fin. Una vez allí, les esperaba la gran sabiduría,  la gran rosada flor, que rechazó los ataques de los que no quería, esperando a un valiente osado, o un empático sensible, un enloquecido astuto, o un realista seguro.  Finalmente, en la forma de uno, decidió elegirlos a todos, que observaron atentos, como lo que creían el fin, no era más que un comienzo.


12 de agosto de 2013

12/08/13

La pequeña liebre Hava Suruk salió a caminar bajo la luz de la luna. Pronto descubrió que llovía, así que se dejó mojar indiferentemente por una tormenta tropical. Luego salió el sol y había montones de ancianos caminando con bastoncillos de oreja como apoyo para sus turbulentos andares. Al pasar junto a una pescadería, la jóven Hava Suruk continuó andando. De pronto un periódico le cayó del techo de la calle, y en él no leyó nada porque estaba escrito en absurdo y ella no comprendía el absurdo. Al observarla tratando de leer el periódico, Sam Frosti el gusano, se acercó a ella y le mostró un periódico distinto. Hava Saruk tampoco lo pudo entender porque también estaba escrito en absurdo, pero al revés. Un camión que iba muy, muy despacio, pasó también por aquella calle y atropelló mortalmente a Sam Frosti, que ya no era un gusano, sino que se convirtió en una lámina inferior de lasaña. Como buena lámina inferior de lasaña, Sam Frosti se arrastró como pudo a una pizzeria cercana, y mientras subía con dificultad a una mesa para descansar bajo el resto de la lasaña de un gordo comensal, observó cómo Hava Suruk seguía caminando hasta llegar a un desierto. Una vez allí, descubrió que no había agua por ninguna parte. Al pensar en esto le entró sed, así que se sentó en el suelo, como sólo se sientan las liebres y comenzó a rezar. Por allí pasó Machmar Boli, el ornitorrinco, pero continuó andando y se perdió por el horizonte. Entonces comenzó a llover, y en el desierto cayó una tormenta tropical. Llovió y llovió durante varios meses, llovió tanto que el desierto se convirtió en una selva. De repente un día dejó de llover, entonces Hava Suruk dejó de rezar, y como le entró hambre, decidió salir a la calle a dar un paseo bajo la luz de la luna para comer un delicioso plato de lasaña. Entonces un periódico le cayó del suelo del cielo, pero como estaba escrito en absurdo, decidió que nunca más volvería a salir a pasear. Se encerró en su hogar de liebre durante años y años tratando de aprender el idioma absurdo. Un día, cuando la jóven Hava Suruk aprendió todos los términos y conjunciones del lenguaje absurdo, salió a la calle a dar un paseo bajo la luz de la luna. Andó y andó esperando encontrar un periódico, pero el mundo se había acabado, todos los ancianos, gusanos, liebres y lasañas habían muerto. Entonces la pequeña Hava Suruk miró a la luna y comenzó a rezar. No pasó nada. Estuvo rezando durante años y años, hasta que un día apareció Machmar Boli el ornitorrinco y continuó andando hasta perderse por el horizonte. Entonces Hava Suruk dejó de rezar y comenzaron a caer pequeñas crías de ornitorrinco por todo el planeta. Hava Suruk se convirtió en el ídolo religioso de todos aquellos ornitorrincos. Entonces los pequeños mamíferos crearon varios periódicos en el idioma que la pequeña liebre Hava Suruk les enseñó. Un caluroso día de verano, Machmar Boli pasó por allí. Le cayó un periódico del techo del cielo. No comprendió nada. Los pequeños ornitorrincos, al ver la incomprensión de su semejante, lo delataron y entregaron a Hava Suruk. La pequeña liebre se comió al ornitorrinco y desde entonces todo el mundo comprendió el idioma absurdo, amaron felizmente los periódicos y veneraron a su creadora y guardiana, la liebre Hava Suruk.

7 de agosto de 2013

07/08/13

Estoy bien, cansado pero bien. O eso quiero creer. En soledad descubro que no necesito a nadie. Sin embargo, cuando estoy con gente, necesito más y más. Necesito acercarme a todo el mundo. Necesito inundarlos bajo la piel, como un torbellino, o una ola de mar que va a a la deriva, en acto suicida, contra ninguna playa. Cuánto más solo estoy, menos necesito la compañia de una mujer agradable, que me sonría y me de los buenos dias piel con piel. Pero sólo dura un tiempo. Después me abruma esta fiebre ingobernable que sube por mi columna, serpenteando mis vertebras, pidiendo amor. ¿De qué me sirve lo que tengo si no puedo compartirlo? Todo este amor, esta ilusión, esta sonrisa estúpida, las canciones que escucho y creo en mi mente, no son nada si a nadie las entrego. Estoy condenado a vivir, y por vivir sólo entiendo una cosa: sublimarme a la belleza, buscarla, encontrarla, perderla, en un ciclo sin fin entre suaves pinceladas de armonía desnuda y viejas tormentas bañadas en alcohol. Sé que naci solo, sé que moriré solo y que nada dejaré a mi paso. Pero entre un bostezo y otro, no puedo contentarme con dormir. Necesito respirar aire fresco, aire nuevo, aire que me recuerde que aún estoy vivo y que cada día que venga, será distinto al anterior. Pero en nada encuentro sosiego, si no es en unos labios carnosos, una melena hipnótica, unas manos generosas y compasivas. Una voz dulce. Un hola, por fin, después de tantos adioses.

30 de julio de 2013

29/07/13

Quiero entender qué es lo que me resulta tan pesado en este cuerpo sin vida. Hace tiempo que caí en el abismo negro que todo lo alberga. La apatía me consumió el aire. La polución de tantas lagrimas que nunca lloré, sólo acentuó las que sí cayeron. Pero nada gané con ello. Me llamarán escultor, porque con mis propias manos realicé un tapiz de cobre que circundaba mi piel. Sin rastro de húmedad, el desierto que tomó mi vida como propia, me hizo de arena. Y de arena fue tan facil, con un ápice de viento, derrumbar mi corazón descolorido. Ese tono sepia nunca llegó a convencerme. Acostumbrado al azul mar, o al rojo sangre, las nubes grises difuminaron mi color hasta caer en un desagüe cualquiera. Nada me sirve del sentido de la vista si con él no descubro sonrisas nuevas. Las que alguna vez ví, se ocultaron tras la arena hasta volverse cobre. Nada me sirve del olfato, si con él no caigo derrumbado al instante. Del tacto, ni siquiera recuerdo si alguna vez lo utilicé lejos de una piel de inocente seda. Mi saliba no sabe a nada, como si de un muerto fuera, cuando no le dan sal o azucar algunos labios sin nada que perder. Prefiero el silencio a la música, y eso quizás, siempre fue mi mayor error.