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21 de junio de 2016

5.

Borracho te diré la verdad cobardemente desde una esquina,
alzaré la voz hasta vibrar en los tímpanos de los voluntariosos;
tus ojos soy, sin ser míos, mientras te observo… viento de ilusión.

Tú, montaña de tantos lados como oyentes;
a ti miro en mis oraciones, al beber y al rozar,
mientras estoy aquí y soy ahora.

Tú, madre y consuelo, abrazo y suspiro;
destilo tu aroma entre mis poros,
por los pliegues de mis dedos me derrito ante ti.

Tú, verdad e ilusión, mujer y sombra;
estoy mudo, en estos versos me escondo.

Olivia, que eres más de lo que sueño,
más de lo que veo,
más de lo que soy:

Tu corazón cuelga a seis metros del suelo,
a seis metros del cielo,
a seis metros del mío.

Olivia, que eres mente y halcón,
y más allá: tu silencio.

Yo, que no soy nada,
que me alimento de sueño,
me construyo en recuerdos que nunca fueron,
y me diluyo en las marcas negras de tu piel.

Olivia, que eres luz y cuerpo,
y niño te observo,
de noche en noche, de sueño en sueño,
con corazón fuerte y caminar lento,
con mirada firme y palabra torpe,
con tacto suave y oído ancho,
te escucho, imagino y extraño.

Estoy lleno de vino, de ti, de sangre,
soy libre entre los vértices de la espiral inalcanzable;
Olivia, o no Olivia; Yo, o no Yo… ¡Qué importa!
Mi Amor vive.

17 de abril de 2016

4.

Palabras pequeñas, imágenes borrosas...
Sólo en los sueños puedo nombrarte.


16 de abril de 2016

3.

¿Qué me importa tu encuentro, si tu voz aún resuena en mí?

¿Y mirarte? ¡Cómo podría pedir más!

No, no es el baile de mis dedos sobre tu piel lo que añoro,
ni el sonido de tu risa, o tus mejillas ardiendo,
no, todo eso ya me posee, sin reloj por testigo;
es tu luz, ojos negros, la que me ciega.

Y con los ojos cerrados te veo brillar,
eternamente,
salvajemente,
mientras me devoras en silencio.

El Sol, el Fuego y Tú.

Y el manto negro de mi vida se escapa hacia tus ojos,
como el misterio de las estrellas,
mientras me absorbes los planetas,
y me transformas en luz...

Y en luz, ojos negros, nos reunimos:

El Sol, el Fuego y Tú.
2.

¡Ay, ojos negros! Otra semana más, quizá dos, me faltan para verte.

Con vino blanco te he encontrado y con vino blanco te olvidaré.

¡No! ¡No! (vencido) ¿A quién quiero engañar?

Tengo tus lunares clavados para siempre en mi mirada.

Su tacto… su tacto… tu piel y tu hechizo.

Ay, ojos negros… te hablo por aquí, porque ni borracho me atrevo…

…ya sabes, a mirarte.

Tengo un don para ver más allá de los muros del corazón,
y una pena para sólo observar su secreto.

Quisiera encerrarme contigo sin tiempo ni alcohol,
solos en un lugar, tú y yo,
y que los muros de nuestra carne se fundan hasta desvelar el misterio.

Quisiera hacerlo todo contigo.

Quisiera, para empezar, poder hablarte…

¡Pero soy un mendigo! Hijo de la soledad y el destierro…

¡Ay, Olivia! ¡Si te observo todo se detiene!

Si te miro, el deseo me vence… ¡Y más que el deseo!

Si te miro, quedo mudo y ciego, sordo y tuerto,

Si te miro, Olivia, sólo a ti: mi secreto te pertenece.

Ay, ojos negros… si tan sólo pudiera hablarte…

9 de abril de 2016

1.

Me hipnotizas, ojos negros,
mientras tu luz me atiza los huesos,
los párpados, la piel, y el alma.

Me fascinas cuando te miro,
con los ojos cerrados, y te desviste
mi imaginación, mientras a mi imaginación
la desvisten tus labios.

¡Tu piel qué es!

¿Qué soy yo cuando no la elevo al altar de la Adoración?

¡Nada! ¡Nada soy si no me pierdo en ti!

Y qué importa tu cuerpo, o el mío, o el tiempo que los una,
si tú ya me habitas...

Si ya navego de tu mano más allá de este mundo,
sobre los mares de Belleza que al sentirte imagino…

Si ya estoy completo, sólo con haber escuchado tu voz,
con haber visto tu sonrisa, y haber muerto en tu mirada.

¡Ojos negros! ¡Tengo alas para volar!

Me inundas; me desbordas ojos negros…

Me hipnotizas, ojos negros,
mientras tu luz me atiza los huesos,
los párpados, la piel, y el alma.
0.

Te quiero pedir perdón.

Porque yerro, porque fallo;
porque me contradigo y contengo multitudes.

Me creo imperfecto; busco la Perfección sin mirar al Presente.

Tú me diste forma,
un sexo, un nombre,
una calle y un colegio.

Y Tú me los quitaste.

Un padre, que me nombró como él,
su trofeo;
una madre, que me quiso niña,
y con polla, pelo y machismo lo consiguió.

Hoy, una mujer a la que he acercado mis labios,
al acercar ella su rostro, para darme su nombre,
y su calle, y su colegio, y sus padres… ha llorado.

A lo largo de mi vida he hecho llorar a algunas mujeres.

A muchas.
Muchas...

Demasiadas.

Mi culpa se agarra a lo alto de mi espalda,
y logra que me cueste andar.

Quisiera ser como el Cristo,
y entregar mi efímero cuerpo por el perdón de la humanidad.

Pero sólo me queda su culpa, su puta culpa.

Qué vulgar, como esta puta transición que vivimos.

Como todos los putos Géminis, que nos vanagloriamos de nuestro séquito de muertos,
Leopoldos, Pessoas, Márqueses, Manueles, Macartneis, Devendras, Dylans, tristes Ginsbergs,
Lorcas y la piel, y el coño, y las cuerdas, y Tú.

Mi culpa, con la que estrello la cabeza de mi hermano contra una puerta metálica,
cuando sueño, porque sueño mi infancia,
la misma que las luces de la calle,
que me violan con sólo abrir los sentidos.

Mamá: te quiero follar, como tú querías follarte a tu padre.

Y a mi prima, también me la quiero follar: Sueño con ella.

Qué vulgar, qué apestado…

Mandadme al paredón, ¡ya no soy un ahorcado!

Os pido perdón, Te doy las gracias;
Desde que sé que no soy, nada me falta.

No soy Miguel; no soy tu hijo;
No soy tu hermano,
ni tu amigo...

¡Dejadme Ser!

¡Dejadme Ser!

¡Dejadme Ser!

Y si acaso, que me deje yo…

Soy un anciano, un niño;
soy una flor y el Demonio;
soy la caricia y tu sangre,
la virtud, el engaño…

Perdóname… ¡Perdóname!

Porque no Te sirvo cuando te pienso;
porque… porque…

¡Porque no me creo tú!
¡Señor! ¡Sin barba, ni forma, ni nombre!

¡Ella! Ella… ella…

Mi madre, anael, mis hermanos, yo…

¡Mujeres! ¡Mujeres! ¡Mujeres!

¡Ay! Las cicatrices que me empeño en remarcar,
los ojos que me brillan como Cosmos antes de la guerra;
las mujeres que me agreden,  y la vergüenza que me invade…

¡Ay!, por no mostrarle mis tetas o mi coño… o mis deseos de violar la inocencia.

Manuel me abraza, como la Madre, como la Vida, como la Tierra.

Yo pienso en Olivia, y en mi culpa, y en el vino,
y en poder comprender, y que mis Hermanos comprendan.

Y cuando no pienso me desvanezco, y se calla el loco;
Su piel se vuelve real.

El Abismo.

El Misterio.

Olivia, olivia, olivia…