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21 de octubre de 2016

Carta a Olivia C.

Muy admirada Olivia:

Te escribo, una vez más, porque no sé cómo hablarte. En nuestra última experiencia, quién nos lo iba a decir, descubrí escucharte, y no puedo imaginar desperdicio de vida mayor que no volver a hacerlo. Me gustas cuando hablas. Y cuando tienes sueño y estás cansada. También me gustas cuando estás un poco borrachilla. Y sobretodo, cuando me das los buenos días, a mí y a todos a los que mi mal humor matutino me impide dárselos. Ya me encantabas por la noche. Ahora me encantas por la mañana, y por la tarde, y a la hora del desayuno, y a la hora de comer y de cenar, y cuando sueñas, o cuando estás despierta y sigues y haces que yo siga. 

Te escribo, Olivia, porque quiero seducirte. Pero no durante una noche o quinientas, como haría un donjuan, o yo mismo en otros tiempos. Quiero seducirte cada día de mi vida. Cada mañana, como si fuera un nuevo desafío, quiero seducirte, y que al llegar la noche nuestros ojos y cuerpos se encuentren como si nunca antes hubieran amado.

¿Cómo voy a seducirte con una carta tan cursi? Soy un iluso… Por eso mismo imagino mi vida contigo, o al menos el día de mañana, o un porro en un portal, o estar una vez más tras una cámara capturando al tiempo en algún rincón del universo… Imagino, y eso me da fuerzas. Te imagino a ti, no sólo por tus lunares, y tus labios, y tu piel, y tus ojos que son misterio, te imagino por tu amor, por tu profundo amor, por la vida que emana de cada respiración, acción, palabra o pensamiento que sale de ti, por tu curiosidad y tu fuerza, por tu ingenio y tu voluntad, por tu sonrisa, tu sonrisa que escapa a tu cara y llega al mundo.

Y me pongo irremediablemente poeta y cursi… ¿Cómo voy a seducirte así? ¡Qué importa! ¡Te celebro Olivia! ¡Te celebro contigo en este instante, en este cuarto, desnudo bajo un edredón y un techo y la luz de una lámpara, te celebro mientras aprieto los dedos contra las teclas con mucha menos calma y mucha más que aquella con la que tocaría tu cabello y tus caderas, tus hombros y tus muslos, tu alma, Olivia, tu alma quiero para fundirla con la mía…

¡Qué pobre propósito! ¿No es acaso tu alma suficientemente elevada? ¿No tiene en sí todo el vigor, la generosidad y el carácter que a la mía le faltan? Seguramente sí… soy un loco, un loco que ve más allá, un pobre hombre que alberga entre sus ojos lo que ni ellos alcanzan a ver, un mártir, un guerrero de la vida para la vida, un hijo del cielo y de la tierra, un insatisfecho, un constructor de caminos…

¡Y contigo, Olivia! ¡Qué caminos construiría!

Serían tuyos mis pies, y nuestro alma de todas las almas.


Sería tuyo, 

Miguel

15 de octubre de 2016

Paloma blanca, paloma negra,
una de ellas es alta y tierna,
la otra salvaje, de carne y tierra.

Cielo y montaña, agua y hoguera,
tuya es mi sangre, tuya mi guerra.

Labios de ríos de venas,
ojos de blanco, manos de seda,
canta la blanca a la negra
bajo la esfera de la luna llena.

Bailan al mar con su sombra,
entre el mendigo y la arena;
duermen las dos palomas
cuando el ocaso se acerca.

Una es de noche y de luna,
otra de sol y mañana;
dos palomas cubren de flores mis sueños,
dos palomas, cuando mi cuerpo se acaba.


No importa quien roce tu cuerpo:
Yo soy dueño de amarte.

No importa que el viento te lleve:
Yo soy el viento.

No importa que no me arropes cada noche
porque ya eres madre de mi sueño.

No importa que mi cintura sólo baile
para tus ojos, y no para tu cintura.

No importa que la tierra sea seca
y mis pies rotos,
las noches largas y mi andar torpe:
No importa porque sonríes.

No importa nada, nada de mí que no sea
todo, ni nada del viento o del mar.

No importa nada que no sea dar,
nada que no sea tomar:
sólo lo justo y no más,
sólo lo justo y no menos.

Contigo todo lo tengo,
todo lo doy;
del cielo y la tierra,
del agua y el fuego
todo te entrego,
porque vives como la vida
y eres dueña de mi Reino.

Tuya es la llave,
tuyo es mi sueño.

16 de agosto de 2016

Ahora que tu cuerpo se ha ido,
y con él tus labios y tu piel,
puedo ver con claridad lo que has dejado en mí.

Ahora que tus ojos me ven siempre,
y no sólo cuándo los miro,
puedo al fin respirar tu Amor.

Eres mi Ángel, mi Luz;
por eso mi demonio, mi sombra,
acechan cuando te acercas.

Eres mi Luna y mi Sol,
mis dos mitades en una flor infinita.

Eres el canto que sólo se oye al salir de la cueva;
eres el eco que dejo atrás y la vibración que siempre me sigue.

Eres mi Yo y mi Tú, en uno solo.

Eres más que cualquier palabra…

Eres más que el sonido… más que la música…

¡Más que el tacto y el olor!

Más que el polvo y las estrellas,
más que nada que nadie jamás haya visto,
sentido u olvidado, porque cuando te Soy,
ya nunca me aparto de ti.

Ahora que te has ido,
al fin estamos juntos.
Mitad Aire, mitad Agua,
pero vivo en la Tierra.

Pertenezco a dos mundos que
rodean el mundo en que habito.

Ese mundo es mi cuerpo
y los cuerpos que me rodean,
tan de otros mundos,
como yo lo soy.

Todo me rodea y nada me toca.

Mitad nada y mitad todo.

Y te veo, Luna, mitad
clara, mitad tiniebla.
Y veo cómo no posees nada
y nada te posee.

Y veo cómo prestas la
luz de algo más grande que tú
sólo siendo reflejo.

¿Cómo poseer la luna?

Si ni a mí me tengo...

En el día cojo fuerzas
que en la noche se vacían;
sólo quedamos Dios y el miedo.

Preferiría no ser poeta
y ser cualquier cosa
para no ahogarme fuera
y salvarme en mi verso.

Pero esta es la cruz
que cargo, mi condena
y mi regalo, que
cuando doy, recibo, y
cuando espero recibir,
no doy.

Mitad Agua, mitad Aire,
vivo en la Tierra esperando
a que el Fuego me salve.

Si me oyes, Luna,
cuida de ella,
dale luz y cobijo,
alimento y cariño.

Si me oyes Luna,
no me mires,
yo respiro en el agua,
pero ella necesita tu abrazo,
tu mano, tu claridad.

Mitad luz y mitad sombra,
mitad yo y mitad nadie,
los dos amamos, Lunita,
lo que no nos pertenece.



Hubo un tiempo en que hablaba
conmigo mismo y me creía un loco.

Hoy hablo con Dios, y aunque
loco aún me creo, al menos tengo
a alguien con quién hablar.

Cuando mi alma siente pena
por ser pena y ser alma,
bebo vino y sonrío
de la noche a la mañana.

Mil mujeres he sido
y en cada una he muerto.

Mil cielos he rozado
y en todos hoy me embriago.

Vida y muerte, misma son;
desde mi piel asoma una luz
que muestro en la noche,
cuando nadie observa,
ni toca, ni escucha.

Mil demonios me hablan
desde dentro de mí.

Sólo una voz me embruja
aunque suene a mentira,
a melancolía, a tristeza,
como la luz que callado guardo
y que en estas letras se escapa.

Sólo un ángel me cuida,
de la noche a la mañana.

25 de julio de 2016

Toda mi vida fui un extranjero.

El único lugar en el que alguna vez me reconocí,
fue en la sonrisa, la mirada y las manos de Anael.

Pobre de mí, que veo su sonrisa, mirada y manos
allá donde descanse mi vista o mi pensamiento.

Pobre de mí, hijo de la obsesión y títere del amor,
que no reconozco en todo lo demás Su belleza.

Toda mi vida la pasé solo,
salvo cuando ella me dio refugio;
aún siento su calor subir y bajar
por mis venas, pero aún añoro su tacto 
como prueba de que es real.

Pobre de mí, me dije toda la vida,
mientras me alimentaba,
en el mejor de los casos, de vacío.

Pobre de mí, yo me repetía,
cuando ella estaba y cuando no,
cuando yo no era,
y cuando sigo sin ser.

Toda mi vida fui extranjero,
hasta que dejé de vivir por mí
para compartir mi amor y sublimarlo.

En ello estoy, mientras escribo
significados dormidos entre letra y letra,
mientras una voz me repite:

“Toda tu vida serás un extranjero,
hasta que te dejes llevar por nuevas manos,
una nueva mirada, 
y la sonrisa que en todo Ser reside.”

Pero mientras mi mente regresaba al pasado,
y mi ilusión construía futuro,
mi cuerpo se fue apagando, como la luz de una cerilla
que se consumió sin pasar la llama.

Pobre de mí, me dicen los gatos,
cuando en su mirada me convierto en animal,
y son ellos los amos.

¡Ay, pobre de mí!

Pobre de mí…

Pobre de mí, que no veo 
lo que el Amor me habla,
mientras mi mente me asfixia.

19 de diciembre de 2015

Canto al espejo

A ti te debo mi luz y mi sombra,
y por mostrármelas te honro en silencio:
hoy rompo esa agonía.

Cuando te vi por primera vez
sentí un terrible miedo.

Un rayo de luz se hizo visible
a través de mí.

Durante algún tiempo no pude soportar
la crudeza de tus facciones, tan reales,
la lástima que emanaban tus ojos,
pidiendo ayuda como el llanto de un bebé.

Me enamoré de ti.

Y mientras me recreaba en tu silueta,
en tu piel, olvidé el origen de mi miedo.

Hasta que volví a mirarte,
y miré más allá de lo visible,
hasta que no vi nada.

Y te odié.

Después te hice humano;
te acercaste a mí,
y construimos un hogar en común.

Y en tu forma humana entendí que no estaba solo,
que aquél de mi espejo se encontraba en todos los espejos.

Y entendí que no tenía forma, ni sexo, ni pensamiento.

Dejé entrar el aire en mis pulmones,
abrí mis labios y mis brazos,
bajé la cabeza,
pedí perdón y di las gracias.

Fue duro, fue largo,
será duro, será largo,
pero es.

Y te rindo este diminuto homenaje,
espejo mío, mi amor,
para recordarme el regalo
que me supuso encontrarte,
y para no caer en la vulgar ofensa
que me supone mirarte
sin mirar.
¿Existe el otro?

Tengo un traje que no es mío,
se desintegra, caen sus hojas
y yo las lloro, ciego, mientras
observo como mueren.

Miro al suelo, y mientras riego mi apego,
desatiendo los nuevos brotes
de las hojas que algún día habrán de caer.

El gato que me acompaña no es metafísico,
pero en sus cuatro patas, sus dos ojos,
su cerebro y su corazón descansa lo eterno.

¿Qué nos diferencia?

Nada.

¿Qué nos separa?

Nada.

¿Por qué le llamo gato y envidio la simpleza de su camino?

Porque soy un ignorante.

Y mientras me hago estas preguntas,
que no son mías, el sol sale y se esconde,
la luna asoma, pasea su luz, y también se va,
y ambos, como las hojas que cubren mi traje,
suben y caen movidos por la Gran Fuerza,
conociendo que el sol no todo lo abarca,
que la luna no ocupa todo el tiempo,
y ambos lo aceptan, porque no son sol ni luna,
no son belleza ni horror, no son tú o yo,
sino el Gran Uno, que no se pregunta,
porque todo y nada sabe a la vez.

¿Ser o no ser?

¡Ser y no ser!

Ser el viento que me atraviesa,
y no ser el que retengo.

Ser el agua que me agita,
y no ser ácido estancado.

Ser el árbol que soñó con caminar,
y no ser el humano que armado de sueños
quemó sus alas.

¿Existe el otro?

No lo sé, no puedo saber nada.
Mis sentidos se alían con el engaño,
mis palabras se prostituyen por halagos,
mis actos me delatan:

Soy mucho más de lo que imagino,
mucho menos de lo que muestro;
soy más alto que la altura,
más calvo que la calvicie,
más puro que la pureza…

…y sin embargo, no soy nada.

Mi cuerpo se agarra a mi cuerpo,
mis manos se convierten en puños,
mis pulmones, secuestrados, tragan humo.

Alguien ha tomado mi cuerpo,
adoctrinado en sentirse único,
condenado a estar solo.

Nada sé, nada siento,
pero todo soy…

¿Existe el otro?

Pregunta mi razón, perdida
en el camino único,
mientras juega y enreda su paso
para revestirlo de complejidad.

Nada hay más complejo que lo simple,
ni más simple que lo complejo.

Nada son mis palabras, ni las hojas que me cubren,
ambas caen, se pudren y ceden su espacio.

En lo más bajo de mi Ser habita un monstruo,
también él es bello.

¿Existe el otro?

¡Silencio, silencio, silencio!

4 de diciembre de 2015


¿Dónde está la vida?

Quizás se encuentre dentro…

Al mirar hacia fuera siento un escalofrío,
distante, desconectado, agónico.

¿Dónde está el amor?

¡Qué todo lo impregna!

¿Y yo, por qué no lo veo?

En mí hay un vacío;
mi cuerpo yace hueco
entre paredes que se derriten.

¿Dónde está el motivo de la sonrisa?

¿Dónde estás? ¡Dios mío! ¿Dónde?


Me agitan las miradas de la gente;
en su centro veo esperanza,
en su cuerpo sólo polvo.

¡Niños, venid a mí!

¡Venid a mí, y juntos bailaremos!

Sonreiremos a la vida y la haremos nuestra;
cantaremos al futuro con el tiempo en nuestro puño
cerrado y sangrante, cargado de esperanza.

¡Dejad que se acerquen a mí!

Más muerte y sólo olvido…

Queremos sonreír, queremos imaginar un mundo
y darle forma mientras lo soñamos.

¡Basta ya de miedo! ¡Basta!


Querido yo, querido tú, querido niño salvado,
encendamos de la mano la luz que nos guía,
dentro, muy dentro, hasta que rebose el cuerpo,
y juntos, iluminemos para siempre la triste vida.


¡Bendito amor! ¡Bendita alegría!

¡Niños, somos niños! ¡Niños libres y no suicidas!

26 de septiembre de 2015

Pájaro azul llama a dulce magnolia,
a sus sueños, senos y memoria;
la llama siempre en cada gesto,
le rinde culto en cada obra.

¡Viento! ¡Viento!
¡A cien historias!


Que le canten y adoren
envuelta en sombras.

¡Cielo! ¡Cielo!
¡A mucha honra!

Que sus ojos se vacían y rebosan
como de luna novia, ¡de luna esposa!

Ruiseñor azul corre a buscarla,
ya no a ella, mas su magia;
la escribe imágenes y versos,
le entrega amor entre sus dedos.

¡Sangre! ¡Sangre!
¡A mí las lanzas!

Que mi cuerpo es muerte
en formol vencido.

¡Tierra! ¡Tierra!
¡A nadie manchas!

Que las aves somos libres
al soñar vivos la danza.


¿Quién persigue al mal nacido?
¿Quién de él forjó su suerte?

¡Qué nosotros somos niños,
entregados al azul placer!
¡Qué vosotros sois ancianos,
culpables y testigos del ayer!


Viento, cielo, sangre y tierra,
que henchidos vagan y regresan:


¡Nunca dejen, los hijos de mi herida,
de bailar a la tormenta de la melena negra!


Viento... Cielo... Sangre... Tierra...

Viento... Cielo... Sangre...

Viento... Cielo...

Viento...


23 de septiembre de 2015

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en polvo y escarcha.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

En las noches de Juno
se adueña el monstruo bicéfalo
de un juego adormecido
entre las frías garras sin pan.

Y los niños, siempre niños,
niños de sol y de muerte,
cogen sus manos y entonan salmos
a los Dioses paganos
que perdieron forma y sentido.

Huele a dulce y silencio,
en la mañana tardía y en los sueños
de los jóvenes que usurparon
las lágrimas del balsero.

Allí cantan y roban frutos,
aquí bailan sobre el gesto ausente
de aquel que fue conejo y se ofrece
a mi mandíbula, como se ofrece el otoño
a los huérfanos del color en España.

Huele a muerte en los ojos
de los que transitaron la pescadería,
y a naranjas, en los que caminan
libres por el arroyo sin más carga
que las fábulas de Federico,
de moscas, alacranes y curianitas
que una vez soñaron con amar.

Cantan las dos caras
de aquél que entre los sexos
oscila.

Huele a primavera en Granada,
a noches rotas y cicuta,
a nieve en polvo y escarcha.

¡Quién no llora, hermano mío!

¡Quién no llora cuando te ve volar!

6 de septiembre de 2015

En la lágrima que barre mi rostro
cae una pena que no es mía.

¿Qué será lo que pide agosto
que en septiembre no termina?

Dios me castiga con ella
y yo caigo en su trampa,
como el árbol cae a la tierra
y el veneno a mi garganta.

¿Quién teme lo que olvida?
¿Quién nunca temió nada?

En la pena que carcome
los destellos de ternura,
se ha perdido la mañana
por una caricia suya.

¿Quién mata lo que ama?
¿Qué nunca mató al alma?

Dios me entrega este silencio
y yo lo canto, riego y sueño
como el necio riega, sueña
y canta en la vereda blanca.

¿Quién de recuerdos forjó un hogar
donde al aire orgullo ardía?

En mis ojos que no son míos,
baila un grito de armonía.
En el agua tranquila y dulce
muero siempre al recordar.

¡Dios mío - yo le rezo -
Dios mío, ten piedad!

16 de agosto de 2014

Oda breve al ron

Dulce brebaje de perdición y abandono,
a ti te debo mi más tierna compañía,
contigo solo,
contigo me basto para bendecir la noche,
contigo solo,
me resulto conocido oído con quien hablar.

¡Mas no hablo! ¡Deliro!

¡Y qué dulce delirio!

Odio, si es que algo odio,
tener que estar en sociedad,
y aparentar ser algo,
cualquier cosa, y como tal,
procuro a todos molestar.

¡Qué sincero abrazo me brindas!

¡Qué sosegado tu silencio en mi parlante necesidad!

Y sólo a ti, querido brebaje,
sólo a ti te encomiendo la misión de salvarme;
de salvarme con tu lenta muerte.

¡Pero tan deliciosa! ¡Y sin necesidad de explicación!

La conversación me mata,
la banal, me aburre como calor asfixiante;
la intelectual, me enerva a la quinta esencia.

¡La conversación del alma!

¡Oh sí, la conversación del alma!

En ella encuentro el sosiego que me abunda,
en el hablar de los ojos, sin palabras ni burlas,
en la mirada firme y el temblor de mis manos,
ahí reposa lo que de verdad soy.

¡Pero hay tanto ruído!

¡Tanto incordio alrededor de mi alma tranquila!

Me excita hasta paisajes que repudio,
que critico en los seres ajenos;
mas sólo en mí se justifica mi repulsa.

¡Amigos, amigos!

Si me aman, guarden silencio,
pues solo en su abrazo callado podrán verme.

¡Tanto ruído! ¡Tanto ruído!

Mi alma titubea en el intento de complacerles,
pero no encuentra palabras,
para describir lo que su silencio busca expresar.

¡Otra ronda, camarero que soy yo!

Bendito brebaje.

24 de abril de 2014

¡Ustedes, amigos míos!

¡Ustedes iluminan mi alma como si fueran el mundo!

¡Y las estrellas!

Qué grato se siente mi alma,
cuando en los tres reposa su hábito.

Qué felicidad inunda cada uno de mis instantes,
cuando sé que cerca se encuentran.

Qué bellos paisajes me muestran
cuando en ellos dibujan su vieja y jóven presencia.

He de emplearme en lo que en mí ya carece de valor,
al hablar de yo en mayoría,
como lo que perdió su valor, a la par que el dinero,
en mi pensar y buscar un razonamiento que no existe,
como ahora mismo.

¡Pero qué deleite cuando la luz amarillenta y la acera vírgen disfrutan vuestro andar!

Qué bello amanecer sabiéndose menos solo.

Qué triste que la grandeza de lo inexplicable dure sólo un instante,
y no pueda dedicaros palabras más largas,
o más bellas,
mientras mis párpados caen
y mi mente no calla.

Soy un psicópata, pero siento amor.

Es una de tantas paradojas que vuelan alrededor de mi cabeza,
como los golpes violentos en los dibujos animados.

¡Lo único que vale es el tiempo!

Y yo caminaba naúseabundo por la calle Hortaleza;
compré tabaco.

La Gran Vía.

¡Qué triunfante la Gran Vía!

Y sus gentes, caminando sin rumbo hacia perder la consciencia.

¡Qué bello no sentir! ¡Qué bello no pensar!

Me detuve ante un aparente vagabundo,
pero sólo eran libros.

Giré sobre mí mismo en un acto acrobático,
seguí caminando.

Avisté un letrero colgante, que señalaba el veintitrés de abril,
como la noche de los libros;
porque siempre necesité una explicación.

El autobús tardaba en arrancar,
aún así corrí hasta subirme.

- Su billete. - Anunció un hombre sin aparente alma.

Le entregué una paradoja,
luego regresé caminando desde la plaza de Atocha hasta la de Legazpi.

Antes, había rogado amablemente al uniformado que llamase a la policía.

Es inexplicable el placer que se siente cuando hasta seis uniformados
detienen su irremplazable labor para entregarle al que escribe el gusto,
de hacerles perder su valioso tiempo.

- Porque no se equivoque, señor sin alma, no es el dinero lo que suma valor,
es su tiempo y sus nervios los que iluminan mi noche.

¡Qué placer hacer uso de la ciudadanía!

¡Qué gusto ser una hormiga irremplazable!

15 de abril de 2014

Propaganda

¡Las fronteras no existen!

Sin embargo, he escuchado en la televisión
a diversos personajes públicos e ilustres hablar sobre ellas.

¡Qué digo ilustres! ¡Ilustrísimos!

Supongo que el convencimiento de escuchar a alguien
hablar con tanta notoriedad sobre un asunto
debe convertirlo en verdadero para la población media.

¡Sin embargo, qué falsa suena toda su palabrería
en los asuntos derivados de mis sentimientos!

En mis sentimientos, no puedo tocar o ver frontera alguna,
sólo escucho a los ilustrísimos Señores hablar de ellas,
y alegan que sería un escándalo abrir las supuestas fronteras,
porque todo el mundo circularía libremente por la tierra.

¿Qué delirio, verdad?

Los hijos del planeta tienen prohíbida su entrada en ciertos lugares del planeta mismo
[también conocidos como estado o nación] en función de su lugar de procedencia.

¡Ah, cómo reirían los intelectuales feudales,
 si miraran hacia atrás y vieran semejante absurdo histórico!

¡Y los sensibles, los que vivían horrorizados por la inquisición,
cómo sangraría su alma al ver los atropellos de nuestras generaciones!

¡Bendito progreso! ¡Bendita tecnología!

¡Quiero comprar más y más! ¡Eso sí que me hará feliz!

O eso deduzco de las palabras de los ilutrísimos de la televisión,
que venden productos con sus bellos rostros sin paso del tiempo o de la conciencia.

¡Las fronteras no existen!

¡¡¡ATENCIÓN!!!

AVISO PARA LOS TIERNOS:

/anestesia/ o /acción/

Meditaciones

He meditado que era una planta
y que por mi ano enraizaba al mundo
y en mi garganta y en mi boca al cielo
creaba oxígeno metafísico al final de las estrellas.

Y ese mismo oxígeno, una vez superada la elipsis
volvía a mí en dirección opuesta a la que había marchado.

He meditado que era una luz negra
o una luz tan blanca que no alcanzaba fin.

He meditado ser mosca o halcón.

A veces me sucede
que al salir a la calle
medito ser las personas que observo,
como el señor que camina encorvado desde la frutería
hasta su solitario piso de hombre viudo.

Tan solo unos segundos después soy la señora afable
que camina dando con un bastón al suelo
hacia su solitario piso de mujer viuda.

¡Qué gusto sería poder unirlos! ¡Y vencer la dictadura de la soledad por desconocimiento!

He meditado ser un bebé
y descubrir a cada segundo nuevos secretos.

He meditado estar en un vientre, y antes del vientre,
en la reconciliación con el óvulo.

¡Me estoy meditando siendo vosotros!

Ahora, mientras escribo
es el mismo instante que sucede mientras lees estas palabras.

Ahora eres tú el que me meditas
y yo te medito a ti
y nos unimos en palabra,
o símbolos, o sentimientos, o pasión.

¡Ahora todo nos une! ¡Nos está uniendo!

Ahora medito que soy el amor
y me diluyo en un abrazo global
y ya no hay yo ni tú, sino lo indefinible.

Canción del gato tranquilo

¡Qué casa tan casa! - Murmuró sonriente el que escribe.

Su gato, que poseía cuatro nombres,
le observaba con verticales pupilas.

¡Júpiter Pessoa! - Exclamó el dueño de nada.

El gato no prestó atención,
mas en su apacible reposo supo que el humano estaba feliz.

Júpiter Pessoa Chumi Mercurio eran los cuatro nombres
del gato.

Entonces el que escribe recordó por un momento
que poseía una mente,

 [ahora, al recordarlo, el que escribe se siente estúpido]

pero entonces un calambre
le recorrío la espalda:
eran las cosas que él pensaba que debía hacer,
que desde fuera le decían que debía hacer,
y que de pequeño le enseñaron a hacer.

El gato quiso saltar por la ventana,
luego comió de su recipiente para gatos y bebió algo de agua.

El que escribe también quiso saltar,
pero luego dejó de pensar, y dijo:

¡Ay! ¡Qué casa tan casa!

23 de marzo de 2014

Todo es burla.

En mi pensamiento abunda la estupidez,
lo exterior me produce un desaliento,
la lluvia o la risa,
todo es burla ahí fuera y aquí dentro;
en los políticos que no hacen política
y cobran un sueldo vitalicio,
en mis actos de falsa honradez
esculpidos en lodo de ignorancia,
todo es burla en mis palabras,
en mi mueca,
en mi silencio.

En la mirada de la señora que sale del supermercado
y grita a su hijo como la gritaron a ella.

En la inocencia muerta del mundo,
todo es burla.