He meditado que era una planta
y que por mi ano enraizaba al mundo
y en mi garganta y en mi boca al cielo
creaba oxígeno metafísico al final de las estrellas.
Y ese mismo oxígeno, una vez superada la elipsis
volvía a mí en dirección opuesta a la que había marchado.
He meditado que era una luz negra
o una luz tan blanca que no alcanzaba fin.
He meditado ser mosca o halcón.
A veces me sucede
que al salir a la calle
medito ser las personas que observo,
como el señor que camina encorvado desde la frutería
hasta su solitario piso de hombre viudo.
Tan solo unos segundos después soy la señora afable
que camina dando con un bastón al suelo
hacia su solitario piso de mujer viuda.
¡Qué gusto sería poder unirlos! ¡Y vencer la dictadura de la soledad por desconocimiento!
He meditado ser un bebé
y descubrir a cada segundo nuevos secretos.
He meditado estar en un vientre, y antes del vientre,
en la reconciliación con el óvulo.
¡Me estoy meditando siendo vosotros!
Ahora, mientras escribo
es el mismo instante que sucede mientras lees estas palabras.
Ahora eres tú el que me meditas
y yo te medito a ti
y nos unimos en palabra,
o símbolos, o sentimientos, o pasión.
¡Ahora todo nos une! ¡Nos está uniendo!
Ahora medito que soy el amor
y me diluyo en un abrazo global
y ya no hay yo ni tú, sino lo indefinible.