15 de abril de 2014

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¡Las fronteras no existen!

Sin embargo, he escuchado en la televisión
a diversos personajes públicos e ilustres hablar sobre ellas.

¡Qué digo ilustres! ¡Ilustrísimos!

Supongo que el convencimiento de escuchar a alguien
hablar con tanta notoriedad sobre un asunto
debe convertirlo en verdadero para la población media.

¡Sin embargo, qué falsa suena toda su palabrería
en los asuntos derivados de mis sentimientos!

En mis sentimientos, no puedo tocar o ver frontera alguna,
sólo escucho a los ilustrísimos Señores hablar de ellas,
y alegan que sería un escándalo abrir las supuestas fronteras,
porque todo el mundo circularía libremente por la tierra.

¿Qué delirio, verdad?

Los hijos del planeta tienen prohíbida su entrada en ciertos lugares del planeta mismo
[también conocidos como estado o nación] en función de su lugar de procedencia.

¡Ah, cómo reirían los intelectuales feudales,
 si miraran hacia atrás y vieran semejante absurdo histórico!

¡Y los sensibles, los que vivían horrorizados por la inquisición,
cómo sangraría su alma al ver los atropellos de nuestras generaciones!

¡Bendito progreso! ¡Bendita tecnología!

¡Quiero comprar más y más! ¡Eso sí que me hará feliz!

O eso deduzco de las palabras de los ilutrísimos de la televisión,
que venden productos con sus bellos rostros sin paso del tiempo o de la conciencia.

¡Las fronteras no existen!

¡¡¡ATENCIÓN!!!

AVISO PARA LOS TIERNOS:

/anestesia/ o /acción/