Hoy tengo insomnio, como cada noche,
procuro evitar el sueño, como quien huye de algo,
me arrepiento de no haber salido a pasear a la calle,
pese a la lluvia, ir al kiosquero a comprar tabaco,
tomar un café sólo mientras observo a la madre
de la mesa de al lado,
leyendo su revista sin consciencia alguna del tiempo,
ojalá pudiese sentir como ella
el sonido del vacío.
Quisiera pasar el resto de mis días bebiendo café,
adoro su calor efímero hasta el momento de beber,
el humo que sube trepando el aire invisible,
como particulas de luz descifrando el infinito.
Hoy he salido a dar un paseo, al parque,
llovía, pero las gotas de lluvia, mientras me mojaban,
segregaban en mi vientre deleites innombrables.
Miento, porque sé que hablo, sé que miento,
no soporto el olor del café, ni dar los buenos días.
A penas puedo escuchar a las demás personas,
puesto que encuentro más interesantes mis propios pensamientos,
mis desvaríos son la puerta que me liberan del cuerpo,
que me permite eliminar el concepto de tiempo,
entonces por fín me relajo,
cierro los ojos, y sueño.
David Veloso.
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12 de noviembre de 2012
9 de noviembre de 2012
Camino
Muero todos los días,
cada vez que me acuesto,
se apaga mi mente,
y mi energía cambia de plano.
Al despertar renazco,
encendiendo mi mente,
saludando de nuevo
al mundo real.
Mientras sueño,
mi energía
aún ocupa mi cuerpo,
porque respiro.
Mientras sueño,
una parte de mi luz,
se traslada a otros planos,
con la luz de mis recuerdos,
esquivando el tiempo.
Muero y nazco todos los días,
y todas las vidas,
y mientras tanto,
disfruto el paseo.
David Veloso.
cada vez que me acuesto,
se apaga mi mente,
y mi energía cambia de plano.
Al despertar renazco,
encendiendo mi mente,
saludando de nuevo
al mundo real.
Mientras sueño,
mi energía
aún ocupa mi cuerpo,
porque respiro.
Mientras sueño,
una parte de mi luz,
se traslada a otros planos,
con la luz de mis recuerdos,
esquivando el tiempo.
Muero y nazco todos los días,
y todas las vidas,
y mientras tanto,
disfruto el paseo.
David Veloso.
8 de noviembre de 2012
Estación
¿Por qué siento tan terrible?
El miedo me apaga violento,
la calle es un lugar inseguro,
la luz del día murió,
la noche se volvió eterna,
y cruel.
Despierto a oscuras,
me acuesto con el alba,
consumo tabaco y opio,
como fuente de alimento.
¡Agua! ¡Agua!
Que venga el amor y me salve,
si es que recuerda el camino.
Que se muera esta pasividad,
indolente, destructiva, perezosa.
Que se vuelvan coloridos los sollozos,
más que el propio sueño.
Porque sueño y sueño,
y sólo quiero soñar y soñar.
Porque eso es lo que soy,
soy sueño,
soy un rayo de luz
ocupando la muerte.
Soy el tiempo en uno solo,
soy el espacio aquí y ahora,
soy un sueño que viaja por el universo,
y cojo forma para después abandonarla,
y seguir mi camino.
Un rayo de luz desde siempre hasta nunca,
desde el comienzo hasta el final sin pausa,
desde el final hasta el comienzo sin apatía,
pero, ¿qué es esto?
Es el mundo,
que me duele.
David Veloso.
El miedo me apaga violento,
la calle es un lugar inseguro,
la luz del día murió,
la noche se volvió eterna,
y cruel.
Despierto a oscuras,
me acuesto con el alba,
consumo tabaco y opio,
como fuente de alimento.
¡Agua! ¡Agua!
Que venga el amor y me salve,
si es que recuerda el camino.
Que se muera esta pasividad,
indolente, destructiva, perezosa.
Que se vuelvan coloridos los sollozos,
más que el propio sueño.
Porque sueño y sueño,
y sólo quiero soñar y soñar.
Porque eso es lo que soy,
soy sueño,
soy un rayo de luz
ocupando la muerte.
Soy el tiempo en uno solo,
soy el espacio aquí y ahora,
soy un sueño que viaja por el universo,
y cojo forma para después abandonarla,
y seguir mi camino.
Un rayo de luz desde siempre hasta nunca,
desde el comienzo hasta el final sin pausa,
desde el final hasta el comienzo sin apatía,
pero, ¿qué es esto?
Es el mundo,
que me duele.
David Veloso.
28 de octubre de 2012
El Niño
Esta tarde, mientras paseaba,
me encontré con un niño inmóvil,
erguido firmemente sobre el suelo,
con la frente alta, entre dos sombras.
¿Qué haces ahí parado?,
le pregunté.
Nada, estoy siendo,
contestó el niño.
No podía entenderlo,
debía ir hacia alguna parte,
o estar esperando a alguien,
era inconcebible su desgana
por realizar acción alguna.
El niño cerraba los ojos,
con las brazos caídos,
sin mover un músculo.
¿Qué fin tiene lo que haces?
No busco ningún fin,
respondió como callado.
¿Qué encuentras tan entretenido?
El sol directo en mi piel,
el rozar del viento,
y su silbido.
¿Pero no tienes nada que hacer?,
pregunté buscando una lógica.
Lo que tengo que hacer,
contestó el niño,
es no hacer nada.
Seguí paseando en la misma dirección,
pero a los pocos pasos,
olvidé hacia donde iba.
David Veloso.
me encontré con un niño inmóvil,
erguido firmemente sobre el suelo,
con la frente alta, entre dos sombras.
¿Qué haces ahí parado?,
le pregunté.
Nada, estoy siendo,
contestó el niño.
No podía entenderlo,
debía ir hacia alguna parte,
o estar esperando a alguien,
era inconcebible su desgana
por realizar acción alguna.
El niño cerraba los ojos,
con las brazos caídos,
sin mover un músculo.
¿Qué fin tiene lo que haces?
No busco ningún fin,
respondió como callado.
¿Qué encuentras tan entretenido?
El sol directo en mi piel,
el rozar del viento,
y su silbido.
¿Pero no tienes nada que hacer?,
pregunté buscando una lógica.
Lo que tengo que hacer,
contestó el niño,
es no hacer nada.
Seguí paseando en la misma dirección,
pero a los pocos pasos,
olvidé hacia donde iba.
David Veloso.
25 de octubre de 2012
El Mendigo
Voy a amar,
dijo el mendigo.
La gente que ama,
que atiende a los demás,
que es generosa,
que cuida el interés ajeno,
antes que el propio,
ésa gente, he descubierto,
que realmente no buscan
la satisfacción de su ego.
Yo le miré atónito,
tomándole por borracho.
Realmente alcanzan ese rincón,
blanco, de paz, cerca de la nada,
donde rozan la libertad
al abrir su corazón.
Entonces comenzó a molestarme su olor.
La gente que ama, continuó,
esquiva al miedo
con el simple hecho
de no hacer daño;
al estar en paz afuera,
estás en paz contigo mismo,
y habita el bien.
Noté como un aroma húmedo,
posiblemente de orina.
Es por eso por lo que vivo en la calle,
dijo el mendigo, me dedico a pasear,
y vivo de todo cuanto recibo,
a cambio entrego todo lo que soy,
y cuando consigas amar,
por fin podrás vencer.
Me marché enseguida;
al día siguiente,
atónito y borracho,
me miré al espejo,
y ví que me había meado.
David Veloso.
dijo el mendigo.
La gente que ama,
que atiende a los demás,
que es generosa,
que cuida el interés ajeno,
antes que el propio,
ésa gente, he descubierto,
que realmente no buscan
la satisfacción de su ego.
Yo le miré atónito,
tomándole por borracho.
Realmente alcanzan ese rincón,
blanco, de paz, cerca de la nada,
donde rozan la libertad
al abrir su corazón.
Entonces comenzó a molestarme su olor.
La gente que ama, continuó,
esquiva al miedo
con el simple hecho
de no hacer daño;
al estar en paz afuera,
estás en paz contigo mismo,
y habita el bien.
Noté como un aroma húmedo,
posiblemente de orina.
Es por eso por lo que vivo en la calle,
dijo el mendigo, me dedico a pasear,
y vivo de todo cuanto recibo,
a cambio entrego todo lo que soy,
y cuando consigas amar,
por fin podrás vencer.
Me marché enseguida;
al día siguiente,
atónito y borracho,
me miré al espejo,
y ví que me había meado.
David Veloso.
17 de octubre de 2012
Ensalada
Como el corazón,
se encoge,
como el universo,
se expande.
Como apagar la mente,
en lo pequeño,
lo diminuto,
lo insignificante.
Como una mirada,
se apiada,
como unos ojos,
agreden.
Como la nada,
como un grano más,
dentro del saco,
como sostenerlo todo,
con el único esfuerzo,
de no hacer daño.
Como átomos que se juntan,
pero no se unen,
por miedo a no ser.
David Veloso.
se encoge,
como el universo,
se expande.
Como apagar la mente,
en lo pequeño,
lo diminuto,
lo insignificante.
Como una mirada,
se apiada,
como unos ojos,
agreden.
Como la nada,
como un grano más,
dentro del saco,
como sostenerlo todo,
con el único esfuerzo,
de no hacer daño.
Como átomos que se juntan,
pero no se unen,
por miedo a no ser.
David Veloso.
11 de octubre de 2012
Personas
En lo grande,
nace lo pequeño,
en lo pequeño,
habita lo grande.
Sol,
mi corazón se abre,
desde tu amor,
hasta mi odio.
Luna,
el cerebro me indica,
tu poder curativo,
tu sosegada locura.
Júpiter,
afortunado mi hígado,
al que sanas paciente,
mis largas prisas.
Saturno,
el bazo jóven e ingenuo,
me destroza los esquemas,
para construir utopías.
Mercurio,
tan dual como yo y todo,
tan preciso como la respiración,
mis pulmones y el aire.
Marte,
la bilis y la muerte,
la selección natural,
lo que sobra, se marcha.
Venus,
el encuentro,
nace la vida,
el amor.
David Veloso.
nace lo pequeño,
en lo pequeño,
habita lo grande.
Sol,
mi corazón se abre,
desde tu amor,
hasta mi odio.
Luna,
el cerebro me indica,
tu poder curativo,
tu sosegada locura.
Júpiter,
afortunado mi hígado,
al que sanas paciente,
mis largas prisas.
Saturno,
el bazo jóven e ingenuo,
me destroza los esquemas,
para construir utopías.
Mercurio,
tan dual como yo y todo,
tan preciso como la respiración,
mis pulmones y el aire.
Marte,
la bilis y la muerte,
la selección natural,
lo que sobra, se marcha.
Venus,
el encuentro,
nace la vida,
el amor.
David Veloso.
10 de octubre de 2012
Palabras
El infortunio vacío,
como explicación,
el lado espeso,
la desidia.
El vaivén de los astros,
su continuo baile,
el acercamiento mortal,
su comienzo definido,
su final.
La estrella que nace,
la que muere,
la que es ahora.
El libre albedrío,
como justificación,
la balanza como juez,
el humano,
como rata de laboratorio.
La célula,
como principio,
y como final.
El todo,
como parte ineludible,
de la nada.
La civilización,
su mirada,
su huella,
su hundimiento,
las pirámides,
las estrellas.
El aura,
como vestido,
como verdad,
la negación,
el engaño,
la ceguera.
El agua,
como respuesta,
como pregunta,
como agua.
El tiempo,
y el espacio,
son uno.
La nada,
es otro.
La palabra,
como excusa,
como espectador,
el polvo,
la memoria,
difuntos.
David Veloso.
como explicación,
el lado espeso,
la desidia.
El vaivén de los astros,
su continuo baile,
el acercamiento mortal,
su comienzo definido,
su final.
La estrella que nace,
la que muere,
la que es ahora.
El libre albedrío,
como justificación,
la balanza como juez,
el humano,
como rata de laboratorio.
La célula,
como principio,
y como final.
El todo,
como parte ineludible,
de la nada.
La civilización,
su mirada,
su huella,
su hundimiento,
las pirámides,
las estrellas.
El aura,
como vestido,
como verdad,
la negación,
el engaño,
la ceguera.
El agua,
como respuesta,
como pregunta,
como agua.
El tiempo,
y el espacio,
son uno.
La nada,
es otro.
La palabra,
como excusa,
como espectador,
el polvo,
la memoria,
difuntos.
David Veloso.
8 de octubre de 2012
Agua
Sé que muevo el pie,
sólo prefiero el silencio,
a la música.
Veo en el río,
la respuesta a la pregunta,
en el amanecer,
veo círculos.
Entiendo la fuerza,
la rotación y el amor,
veo en tus miedos,
el reflejo de los míos.
Llevo la decisión,
firme, de elegir.
Comprendo el bien,
al aceptar el mal,
como funambulista,
habitante de la balanza.
Estrellas interminables,
desde cada rincón,
sirviendo mis pulmones,
al aire.
Tan cerca las siento,
cada vez que miro a los ojos.
Soy tú, eres yo,
aprendamos juntos,
a vivir.
David Veloso.
sólo prefiero el silencio,
a la música.
Veo en el río,
la respuesta a la pregunta,
en el amanecer,
veo círculos.
Entiendo la fuerza,
la rotación y el amor,
veo en tus miedos,
el reflejo de los míos.
Llevo la decisión,
firme, de elegir.
Comprendo el bien,
al aceptar el mal,
como funambulista,
habitante de la balanza.
Estrellas interminables,
desde cada rincón,
sirviendo mis pulmones,
al aire.
Tan cerca las siento,
cada vez que miro a los ojos.
Soy tú, eres yo,
aprendamos juntos,
a vivir.
David Veloso.
17 de septiembre de 2012
Cosmos
Está escrito,
el orden de los astros,
la posición de los planetas,
el devenir de los hechos.
El laberinto, las murallas,
imposibles de vencer,
antes de anunciar las normas,
ya escribiste el final.
Conocimiento,
puras montañas de conocimiento,
cuantas pueda reunir en ésta,
o cualquier otra vida.
Conozco,
el orden de los planetas,
la posición de los astros,
puedo adelantar a los hechos,
con mi voluntad.
Aceptaré tu verdad,
caminaré tu camino.
¡Oh Dios o Destino!
Quizás algún día
me reencuentre contigo.
David Veloso.
el orden de los astros,
la posición de los planetas,
el devenir de los hechos.
El laberinto, las murallas,
imposibles de vencer,
antes de anunciar las normas,
ya escribiste el final.
Conocimiento,
puras montañas de conocimiento,
cuantas pueda reunir en ésta,
o cualquier otra vida.
Conozco,
el orden de los planetas,
la posición de los astros,
puedo adelantar a los hechos,
con mi voluntad.
Aceptaré tu verdad,
caminaré tu camino.
¡Oh Dios o Destino!
Quizás algún día
me reencuentre contigo.
David Veloso.
15 de septiembre de 2012
Suerte
Manto de estrellas,
escuchad mi súplica,
os estoy observando,
dejásteis de brillar.
¡Júpiter, soy tu hijo bastardo!
Milenaria y estancada,
la Diosa Bast me envía,
para destapar tu engaño.
David Veloso.
escuchad mi súplica,
os estoy observando,
dejásteis de brillar.
¡Júpiter, soy tu hijo bastardo!
Milenaria y estancada,
la Diosa Bast me envía,
para destapar tu engaño.
David Veloso.
12 de septiembre de 2012
Viento
Baldosas amarillas,
la mujer desnuda,
el Sol del centeno,
la venganza de Hermes,
volar sin alas.
¡Viento!
Furia entre el corretear del viento,
nubes de confusión entre los ojos,
cerrados observo mejor.
Mis dedos son lentos,
las ventanas son tímidas,
camaleón sin lengua,
verdugo de disfraz mudo.
La tierra me arrastra,
el mar me desnuda,
la mujer me esclaviza.
¡Viento inmortal!
Si no cambias el mundo
dame tus alas.
David Veloso.
la mujer desnuda,
el Sol del centeno,
la venganza de Hermes,
volar sin alas.
¡Viento!
Furia entre el corretear del viento,
nubes de confusión entre los ojos,
cerrados observo mejor.
Mis dedos son lentos,
las ventanas son tímidas,
camaleón sin lengua,
verdugo de disfraz mudo.
La tierra me arrastra,
el mar me desnuda,
la mujer me esclaviza.
¡Viento inmortal!
Si no cambias el mundo
dame tus alas.
David Veloso.
11 de septiembre de 2012
Tiempo
Descubro colores imperfectos,
me los llevo sobre las rodillas,
los mantengo delicadamente callados.
como el sexo a deshora con Venus.
¡Ay mamá! ¡Cuánto silencio!
Las garrapatas trepan mi espalda,
como flores desterradas,
a un bosque artificial.
Los secretos de los Dioses,
me los llevaré a la tumba,
esparcidos en gotas de rocío.
Veo en el centro de tu iris,
el origen de mis miedos,
y en el centro de mis miedos,
el parpadeo escondido.
Lluvia intransigente y milenaria,
destapa las verdes ramas del engaño,
lluvia que no cesas,
inúndame el alma.
Las estrellas moribundas
escribieron mi sentencia.
David Veloso.
me los llevo sobre las rodillas,
los mantengo delicadamente callados.
como el sexo a deshora con Venus.
¡Ay mamá! ¡Cuánto silencio!
Las garrapatas trepan mi espalda,
como flores desterradas,
a un bosque artificial.
Los secretos de los Dioses,
me los llevaré a la tumba,
esparcidos en gotas de rocío.
Veo en el centro de tu iris,
el origen de mis miedos,
y en el centro de mis miedos,
el parpadeo escondido.
Lluvia intransigente y milenaria,
destapa las verdes ramas del engaño,
lluvia que no cesas,
inúndame el alma.
Las estrellas moribundas
escribieron mi sentencia.
David Veloso.
10 de septiembre de 2012
Cartas a Hugo Vidal (II)
20 de abril de 2013
El miedo al que se agarra el hombre es fruto del rechazo propio. Huele a miedo en las calles. Por la noche, sólo unos pocos se atreven a salir a pasear. El arma más poderosa del gobierno, para controlar a sus subditos, reside en el miedo. Cuanto más miedo produzcan, más fácil les será controlar a las masas. Los grandes dictadores afloraron en épocas de incertidumbre. El ser humano es débil, poco inadaptado y nada indepenendiente. En los momentos de mayor pobreza, de mayor diferencia entre ricos y pobres, algo está próximo a destruirse para nacer de nuevo. Y es ahí cuando surgen los extremismos. Los más ricos se aferran a su poder y quienes les siguen radicalizan su espiritu patriótico como excusa para la discriminación. Los más pobres, movidos por la necesidad, asaltan a los ricos para obtener alimento. La revolución está más viva que nunca.
Los jornaleros andaluces se dirigen a Madrid. Han decidido tomar el poder por la fuerza. Los mineros de Asturias también marchan a la capital. La historia se repite, con la misma mecha que tantas otras veces prendió. Mucha sangre será derramada. Desgraciadamente, aún quedan algunos desalmados ajenos a este hecho inexorable. Hugo, aún estás a tiempo de quedarte ahí. Yo espero partir pronto a Sudamérica. Los días de la vieja Europa están contados.
David Veloso.
El miedo al que se agarra el hombre es fruto del rechazo propio. Huele a miedo en las calles. Por la noche, sólo unos pocos se atreven a salir a pasear. El arma más poderosa del gobierno, para controlar a sus subditos, reside en el miedo. Cuanto más miedo produzcan, más fácil les será controlar a las masas. Los grandes dictadores afloraron en épocas de incertidumbre. El ser humano es débil, poco inadaptado y nada indepenendiente. En los momentos de mayor pobreza, de mayor diferencia entre ricos y pobres, algo está próximo a destruirse para nacer de nuevo. Y es ahí cuando surgen los extremismos. Los más ricos se aferran a su poder y quienes les siguen radicalizan su espiritu patriótico como excusa para la discriminación. Los más pobres, movidos por la necesidad, asaltan a los ricos para obtener alimento. La revolución está más viva que nunca.
Los jornaleros andaluces se dirigen a Madrid. Han decidido tomar el poder por la fuerza. Los mineros de Asturias también marchan a la capital. La historia se repite, con la misma mecha que tantas otras veces prendió. Mucha sangre será derramada. Desgraciadamente, aún quedan algunos desalmados ajenos a este hecho inexorable. Hugo, aún estás a tiempo de quedarte ahí. Yo espero partir pronto a Sudamérica. Los días de la vieja Europa están contados.
David Veloso.
28 de agosto de 2012
Cartas a Hugo Vidal (I)
13 de Febrero de 2013
La inmovilidad a la que se agarra el hombre resulta cruel para su propia sensibilidad. Tomemos por cierto el antiguo testamento, tomemos por ciertos los mitos griegos y las deidades egipcias y pongámosles a todos forma humana, cuerpo, orejas, corazón, ojos, cerebro, manos; y la capacidad de obrar según les guíen unos u otros aparatos totalitarios e irracionales que forman nuestro ente material. Pongámonos en el lugar de Eva comiendo del fruto prohibido, y en el lugar de Lucifer castigando al que arremete contra su propiedad, y tras los ojos de Dios observándolo todo sin tomar partido. Y en todos ellos veremos al yo lujurioso, que no puede evitar sustraer ese objeto que aprecia y nadie vigila; y al yo que cumple con el deber y castiga o señala al que no le sigue; y al yo que observa la injusticia y se mantiene parado mientras no vaya en su contra. Y en todos ellos podremos reconocer al ladrón, al hipócrita, al débil. Los dueños de no mover nada. El rico, el político, el banquero.
Desde Asturias llegan noticias de cambio. Parece que los mineros por fin han tomado las armas. El cambio está escrito en la oscilante línea de la historia humana. Una nueva revolución se está masticando con ardor en el ambiente del país. La clase media se está dividiendo. La gente es cada vez más rica o más pobre. El cambio se avecina. Los poderosos caerán, los nuevos poderosos volverán a corromperse y volverán a caer. Pese a todo, tengamos fe en nuestros compañeros asturianos, en ellos arde la llama del cambio.
David Veloso.
La inmovilidad a la que se agarra el hombre resulta cruel para su propia sensibilidad. Tomemos por cierto el antiguo testamento, tomemos por ciertos los mitos griegos y las deidades egipcias y pongámosles a todos forma humana, cuerpo, orejas, corazón, ojos, cerebro, manos; y la capacidad de obrar según les guíen unos u otros aparatos totalitarios e irracionales que forman nuestro ente material. Pongámonos en el lugar de Eva comiendo del fruto prohibido, y en el lugar de Lucifer castigando al que arremete contra su propiedad, y tras los ojos de Dios observándolo todo sin tomar partido. Y en todos ellos veremos al yo lujurioso, que no puede evitar sustraer ese objeto que aprecia y nadie vigila; y al yo que cumple con el deber y castiga o señala al que no le sigue; y al yo que observa la injusticia y se mantiene parado mientras no vaya en su contra. Y en todos ellos podremos reconocer al ladrón, al hipócrita, al débil. Los dueños de no mover nada. El rico, el político, el banquero.
Desde Asturias llegan noticias de cambio. Parece que los mineros por fin han tomado las armas. El cambio está escrito en la oscilante línea de la historia humana. Una nueva revolución se está masticando con ardor en el ambiente del país. La clase media se está dividiendo. La gente es cada vez más rica o más pobre. El cambio se avecina. Los poderosos caerán, los nuevos poderosos volverán a corromperse y volverán a caer. Pese a todo, tengamos fe en nuestros compañeros asturianos, en ellos arde la llama del cambio.
David Veloso.
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