10 de septiembre de 2012

Cartas a Hugo Vidal (II)

20 de abril de 2013

El miedo al que se agarra el hombre es fruto del rechazo propio. Huele a miedo en las calles. Por la noche, sólo unos pocos se atreven a salir a pasear. El arma más poderosa del gobierno, para controlar a sus subditos, reside en el miedo. Cuanto más miedo produzcan, más fácil les será controlar a las masas. Los grandes dictadores afloraron en épocas de incertidumbre. El ser humano es débil, poco inadaptado y nada indepenendiente. En los momentos de mayor pobreza, de mayor diferencia entre ricos y pobres, algo está próximo a destruirse para nacer de nuevo. Y es ahí cuando surgen los extremismos. Los más ricos se aferran a su poder y quienes les siguen radicalizan su espiritu patriótico como excusa para la discriminación. Los más pobres, movidos por la necesidad, asaltan a los ricos para obtener alimento. La revolución está más viva que nunca.

Los jornaleros andaluces se dirigen a Madrid. Han decidido tomar el poder por la fuerza. Los mineros de Asturias también marchan a la capital. La historia se repite, con la misma mecha que tantas otras veces prendió. Mucha sangre será derramada. Desgraciadamente, aún quedan algunos desalmados ajenos a este hecho inexorable. Hugo, aún estás a tiempo de quedarte ahí. Yo espero partir pronto a Sudamérica. Los días de la vieja Europa están contados.


David Veloso.