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20 de octubre de 2014

Ha empezado a llover, y la lluvia asciende hacia arriba. En la noche,
se abre un agujero en el cielo y del vacío nace una asombrosa llama.
La llama se empieza a transformar en un rostro de volutas azuladas
que empieza a tomar carne, poco a poco, unos pechos de una mujer,
una melena negra: Mi madre levita en el cielo de los relojes al revés.


Pintura,
En mi techo hay un mar de cuchillos que penden de finísimos hilos,
una luna verde, y un agujero por el que salen las mariposas blancas.



Cuentos hachichinos

Cuentan que más lejos de Oriente
hay un sitio que no ha conocido hombre.
Allá donde la noche no tiene final
hay árboles tan remotos, ancianos, y mágicos
que abandonados en las tinieblas de la soledad
han acabado por dar estrellas como fruto,
y los niños que las recogen no tienen nombre.

Pocos saben que en aquellas tierras por descubrir
hay paz y desconocimiento, y entre los habitantes
no hay palabras, ni ropajes, ni tampoco espejos.
Fueron hechizados por el olvido hace cientos de años
volviendo así a sus origenes, como el agua y el oro,
preparados para retornar de nuevo a otra vida.

Mira en los ancestrales jardines que todo es un Dios, 
que está Leda, la señora y dueña de todas las llaves, 
con sus astas de ciervo bebiendo plata de las manos,
mira su máscara de luna, Ella esta impasible
suspendida dentro de un circulo de siete colores.

Que está Cipris con su cósmica flauta en sus manos,
adormidera de todas las cosas, oscura madre de la sombra
que dota a los universos de sueño, Ahora su música
genera en existencia la armonía que parte del caos de notas,
disparos de luz y color, intuiciones, un prisma de hologramas.

Mira a Sefarín portador de la vela que ilumina la mente
que desde siempre ha narrado la historia de lo que sucede,
hombre de múltiples voces, de múltiples ojos, hermoso y dulce
por ser sensible, tan viejo como la memoria, sobrevive
porque se esconde allá donde no se acercan las rojas ratas.

(Y que bien que todos tocan deliciosas músicas, las vibraciones
son tan coloridas, los árboles están felices, los animales bailan,
algunos comen fruta, otros reposan ya la que han comido,
otros se aman desnudos, otros se lavan, pero reina un silencio
y una paz porque algo misterioso unifica cuanto hay en el jardín)

Mira a los perros de niebla y a Sara San Sa, que tira la piedra
y crea la onda eterna, a los almendros blancos llorando en el agua.
Mira la niña creando posibilidades, en todas partes, hipnotizando
a las gracias del viento, removiendo lo que se soñó o se perdió,
jugando con las hojas muertas maquiavélicamente en ningún lugar.

Mira como ruegan inclinadas las flores cuando pasa el tiempo
con su capa de martillos y piel de foca, con sus zapatos de yunque,
mirando a tres lados a la vez, ¿Ves que todo se vuelve frío metal
en el intervalo infinito en el que se deja de destruir para empezar a crear?
Mira como cantan las flores cantos polifónicos lastimeros y perfumados.

Mira la bola de rayos que desciende crepitando por el monte púrpura,
el ejercito de hadas, las naranjas que flotan en las noches azuladas,
mira el oráculo y las fuentes altísimas y majestuosas de sangre y leche,
¡Oh, cuantos ángeles! y todos se forman geométricamente en la espiral
en la que yo, en otra pirámide, toco mi guitarra para fabricar una lagrima. 

Salgo a través de un ojo, mira mi voz que te habla. Mira los pies de plumas,
que he venido a cuidarte, porque realmente se puede viajar por el canal,
ante todo hay que mantener el sosiego porque nada existe ahora más
que mi voz. Mira la mentira que moja sus manos en el agua negra,
pálida, erguida como una serpiente sobre el platillo volante de la balanza.

Mira que ahora estoy comiendo pan drogado en mi cuarto mientras escribo,
mira que ahora tu lo estas leyendo, ¿Y la distancia entre el ahora y el ahora?
¡Cómo ha quedado hecha piedra y se ha tatuado en la corteza del pino!
Cada vez que veas hormigas piensa en mí. Yo te daré mi corazón un rato;
perdona que sea un corazón embriagado.

17 de enero de 2013

Fue entonces cuando el flautista dejó de tocar, posó su flauta, y tras humedecerse las manos en el agua cristalina arrancó una margarita de la brillante pradera. Se acercó a Alejandra, vestida de oro y de blanco, tomó sus pálidas manos, las abrió, y posó con infinito cuidado la margarita, que para el asombro de los dos, se convirtió en una resplandeciente estrella. La estrella comenzó a vibrar, a tomar más luz, y cuando se puso muy caliente les disparó a los dos en un viaje hacia los cielos, guiados por un hilo de luz plata. Habiendo superado ya las fronteras del tiempo y el espacio tan solo les quedó mirarse a los ojos, sintiendo, comprendiendo ambos el poder mágico del amor. Y Mientras ellos brillaban en el cielo, abajo, en la tierra, una pobrecita solitaria pedía un deseo, y se sonreía, se sonreía...

10 de enero de 2013

Tal vez si nuestros niños naciesen al viento
y no en cubiletes metálicos de luz enfermiza...
Tal vez si fuesen el sol y los ríos nuestros maestros
y no urracas que agarran de las muñecas para hacer fila india...
Tal vez si aprendiésemos de los árboles y el firmamento
y no de a quién se tiró la promiscua de Isabel II...
Tal vez si nos enseñasen más con los sentidos
y menos con la verborrea de si algo esta bien o mal....
Entonces tal vez el hombre sería amigo del hombre
y la sociedad no aniquilaría tantas buenas almas.

19 de noviembre de 2012

Relatos de belvedere (1)

Sara San Sa nació del agua. Cuando su pálido cuerpecito brotó de las espumas sonrientes ella ya conocía su destino. Había sido elegida para mantener el funcionamiento del universo. Y así nació en tierras desconocidas a los hombres, limpia de deseo, otorgada con el don de la vida eterna. Su trabajo consistía tan solo en tirar piedras al arroyo, de manera en que las ondas del agua siempre estuvieran en movimiento. La Madre dejó un único mensaje para ella: "Haz que las cosas ocurran como deben ocurrir". Ella no entendía estas palabras muy bien, pero el trabajo era fácil, y dado que por allí cerca no había gentes que se preguntara cosas, ella no se tuvo que preguntar nada.
Así que Sara San Sa ejerció su trabajo durante miles y miles de eras. Y aunque ella supiera que esto le hubiera parecido aburrido a cualquier hombre corriente, y lo sabía porque ella creaba los pensamientos de la humanidad, nunca le preocupó mucho ya que para quién tiene una vida eterna el tiempo es insignificante. Tiró otra piedra y en la onda vio la respuesta a todos los universos. Soltó una pequeña y dulce carcajada por la angustia del hombre ante la falta de respuestas, y, conociendo la respuesta, pensó ella que tener la respuesta es lo mismo que no tenerla. Pero entonces algo llamó su atención, ¡Nunca nada llamaba su atención! Era un silbido muy gracioso, y se acercaba cada vez más.
El silbido provenía de un bardo, tenía la piel amarillenta y una túnica verde. Se asemejaba a una serpiente. Iba rodeado de un aura de agua oscura, salamandras de cristal azul y luciérnagas celestes. Abrió la boca y dijo con mil voces simultáneas:
-"Hola Sara San Sa".

14 de noviembre de 2012

Serafín Se vive en una jaula.
Lucha, sufre y paga por ella.
Despierta sonriente a su hijo
y le lleva a la jaula de niños
en una burbuja de metal 
por el asfalto caliente.

Los niños van de negro
y en silencio, en fila india,
se meten en el edificio Nº27.
Todo minuciosamente calculado.
Al hijo de Serafín Se le enseñan
a ser Serafín Se.

Después llega el olvido,
y Serafín Se, sus educados niños,
los maquiavélicos maestros, los jueces,
Belvedere Rebis Re y estas palabras
se esfuman con todo hacia la nada.

Y el cosmos nada supo de todo esto.

(Menos mal) 
Belvedere
Visitaron al viejo y sabio Winslow.
preguntaron por la historia de los árboles.
El eremita abrió su boca seca y tenebrosa,
dijo que si los árboles tañesen una historia
esa sería la de la venganza a los hombres.

Belvedere Rebis Re.

Alba tenía un alma clara.
Tocó una nota en su flauta,
la nota cayó, alteró el curso del agua,
y en el surco de sus ondas nació un sueño.
El resplandor del agua se tornó infinito
y de su aura brotó un reino de nácar.

¡Semejante mundo brotando 
de las aguas viejas y sombrías!

El tiempo dejó de hacer su labor,
la luz tomo su lugar, a bocanadas.
Pronto la Reina se colocaba la corona,
una corona de perla, cristal y sangre blanca,
y en sus ojos una llama temblorosa y pálida
indicante de la tristeza que titila en la humanidad.

Alba escucho pronto la llamada.
Cuando el bardo señaló a las estrellas, 
estas abrieron su alma como flores a los ojos,
y en el cielo vislumbró el destino del destino,
la historia que entreteje todas las historias.
Entonces el águila nocturna bajó, y en silencio,
solemne, posó un Rubí en sus pálidas manos.

Alba comprendió que aquello era incomprensible.

El rubí ardía. Contenía poder. Una emoción de miles.
Entonces en la mente se expandió una oleada de sombras
siendo entendido que el mundo era azotado por fuerzas
siendo mostrado el manantial de sangre que forman los rostros
siendo vertido al gran agujero al que se mueven por inercia
los destellos del pensamiento. Pensó que de nada servía pensar.
Y después resonaron las palabras: "¿Soy yo mi mente?

Alba miró sus pies y vio como estos se deshacían en la luz.
Ella siempre lo intuyó, ahora tan solo era capaz de comprobarlo.
Así que tomó la flauta, y todas esas músicas que había soñado,
comenzó a ejecutarlas una a una, con una asombrosa facilidad.
Los bosques cobraron más conciencia ascendiendo en la espiral
por la que trepaban las melodías hacia el fondo eterno del cielo.

Se acercó entonces un hombre llorando. Narcotizado.
Su fragancia de niña, la dulce música, el brillo de su pálida piel...
El hombre narcotizado, vestido de funcionario, se acercaba llorando.
Se acerco hasta rozar su frágil espalda y la quebró la cabeza con una piedra.
Alba cayó muerta al suelo y su sangré corrió por el río de oscura plata.
El hombre escupió, se enjuagó las lágrimas, y preparó su mejor sonrisa,
había quedado con unos clientes a las cuatro en el Starbucks.

Belvedere Rebis Re