25 de octubre de 2012

El Mendigo

Voy a amar,
dijo el mendigo.

La gente que ama,
que atiende a los demás,
que es generosa,
que cuida el interés ajeno,
antes que el propio,
ésa gente, he descubierto,
que realmente no buscan
la satisfacción de su ego.

Yo le miré atónito,
tomándole por borracho.

Realmente alcanzan ese rincón,
blanco, de paz, cerca de la nada,
donde rozan la libertad
al abrir su corazón.

Entonces comenzó a molestarme su olor.

La gente que ama, continuó,
esquiva al miedo
con el simple hecho
de no hacer daño;
al estar en paz afuera,
estás en paz contigo mismo,
y habita el bien.

Noté como un aroma húmedo,
posiblemente de orina.

Es por eso por lo que vivo en la calle,
dijo el mendigo, me dedico a pasear,
y vivo de todo cuanto recibo,
a cambio entrego todo lo que soy,
y cuando consigas amar,
por fin podrás vencer.

Me marché enseguida;
al día siguiente,
atónito y borracho,
me miré al espejo,
y ví que me había meado.


David Veloso.