Claro que no sé de qué habláis
cuando habláis. Claro que vuestras palabras me suenan igual que a un niño de 4
años la palabra "sexo". Entiendo que os entendéis y admito el hecho
de que no os comprendo en absoluto. Mi sentido de la autoconsciencia es elevado
e intuyo que aún me falta para integrarme. Percibo mi inevitable y autoimpuesta
resignación, que me ayuda a asumir que mi condición nunca cambiará. No tengo
ninguna esperanza en llegar a hablar vuestro idioma y no he de tenerla,
porque temo a la ilusión; otras veces se ha vuelto en mi contra de la manera
más dolorosa. Entonces comprendo que
sólo me falta esperar; esperar a comenzar a vivir. Pienso si no me estaré
engañando, al igual que poseo un nivel de consciencia elevado, soy un manipulador
talentoso y sutil. Pienso si no soy yo quien ha de comenzar a intentar vivir, poniéndome
en el supuesto de que los demás consideren que, así, viven. Si ellos así lo
creen, entonces no tengo otra opción alternativa a la resignación. Si la vida
es eso con lo que sueño, entonces he de armarme de paciencia. Comprendo que
estoy volviendo a confiárselo todo a la ilusión; algo me hace sospechar de que
razono de forma inmadura y cobarde, pero luego recuerdo que soy especial y se
apodera de mí el sueño, la peor de mis drogas. Pienso en qué día será mañana e imagino que algo bueno me aguarda, pero
percibo algo de miedo en mí ante lo maravilloso, ante la idea de que mi vida
comience de una vez por todas.