28 de agosto de 2012

Cartas a Hugo Vidal (I)

13 de Febrero de 2013


La inmovilidad a la que se agarra el hombre resulta cruel para su propia sensibilidad. Tomemos por cierto el antiguo testamento, tomemos por ciertos los mitos griegos y las deidades egipcias y pongámosles a todos forma humana, cuerpo, orejas, corazón, ojos, cerebro, manos; y la capacidad de obrar según les guíen unos u otros aparatos totalitarios e irracionales que forman nuestro ente material. Pongámonos en el lugar de Eva comiendo del fruto prohibido, y en el lugar de Lucifer castigando al que arremete contra su propiedad, y tras los ojos de Dios observándolo todo sin tomar partido. Y en todos ellos veremos al yo lujurioso, que no puede evitar sustraer ese objeto que aprecia y nadie vigila; y al yo que cumple con el deber y castiga o señala al que no le sigue; y al yo que observa la injusticia y se mantiene  parado mientras no vaya en su contra. Y en todos ellos podremos reconocer al ladrón, al hipócrita, al débil. Los dueños de no mover nada. El rico, el político, el banquero.


Desde Asturias llegan noticias de cambio. Parece que los mineros por fin han tomado las armas. El cambio está escrito en la oscilante línea de la historia humana. Una nueva revolución se está masticando con ardor en el ambiente del país. La clase media se está dividiendo. La gente es cada vez más rica o más pobre. El cambio se avecina. Los poderosos caerán, los nuevos poderosos volverán a corromperse y volverán a caer. Pese a todo, tengamos fe en nuestros compañeros asturianos, en ellos arde la llama del cambio.


David Veloso.