28 de agosto de 2012

Cartas a Olivia Pazos - I -

Olivia Pazos sale a la calle sin sujetador
es una cálida tarde de agosto
decide desnudarse entre las particulas de aire
que separan su cuerpo del bar de la plaza
decide pedir un café con hielo pero sin agua
y las particulas de aire que bailan en la avenida
deciden sucidarse en modo derretido.

Olivia Pazos camina y sonríe a sus vecinos
usa la misma mueca adormecida y dulce
heredada de su madre en la infancia
junto al viejo embarcadero del pueblo pesquero
a las orillas de un mar
que no siempre quiso bañarla.

Olivia Pazos espera mientras fuma un cigarro
lo hace sin despeinar su rostro de sirena de piedra
acomodada en el pedestal por el que no pasa el tiempo
mientras su mueca se va derritiendo
entre las olas que ya no permiten
a ningún forastero exiliado
bañar su recuerdo entre los pechos desnudos
de la estatua de Olivia Pazos.



Hugo Vidal