28 de agosto de 2012

Cartas a Olivia Pazos - II -


¿Qué quieres de mí, Luna? ¿Qué me vas a matar si ya estoy muerto? Cualquier castigo que me impongas será un regalo dulce y placentero. Cualquier daño físico es para mí la más suave caricia que puedo llegar a sentir.  ¿Qué más puedo sentir? Si ya no me quedan sentidos para perder la cabeza, si sólo pienso en echar una cuerda alrededor de mi cuello y acabar con todo. ¿Por qué me elegiste, Luna? ¿Por qué fui tu enviado al mundo para sentirlo tan dolorosamente en cada respiración? ¿Por qué me matas y no tienes cojones a matarme? Degollado y moribundo me haces arrastrarme por el suelo cuando yo sólo quiero volar. Me obligas a amar y ni si quiera le encuentro un porqué. ¿Te hace feliz mi sufrimiento? ¿Te causa placer ver cómo pierdo el aliento y las lágrimas tratando de escalar una rampa invisible que nunca me llevará a ti? Y me dejas caer al frío suelo una y otra vez. No tienes compasión. No amas y me pides que ame, y me obligas a amar. Ojalá el frío acabe por congelar cualquier atisbo de sensibilidad. No puedo soportarlo más. Y me pones de frente tu Sol, tan cálido como el hogar, tan sabio como una pregunta cuya respuesta son cien preguntas más. Y me haces amarla. Y me matas, sin matarme. Acaba con esto, te lo suplico. Luna, si no me entregas el Sol, nunca más me dejes volver a verlo. Si me enseñaste a amar, enséñame también a ser indiferente. No lo soporto más. Acaba con esto, o te prometo que encontraré la manera de llegar hasta ti, y mi oscuridad y mi sufrimiento serán el sufrimiento y la oscuridad del mundo. Acaba conmigo, o entrégate a mí.


Hugo Vidal.