¡Qué casa tan casa! - Murmuró sonriente el que escribe.
Su gato, que poseía cuatro nombres,
le observaba con verticales pupilas.
¡Júpiter Pessoa! - Exclamó el dueño de nada.
El gato no prestó atención,
mas en su apacible reposo supo que el humano estaba feliz.
Júpiter Pessoa Chumi Mercurio eran los cuatro nombres
del gato.
Entonces el que escribe recordó por un momento
que poseía una mente,
[ahora, al recordarlo, el que escribe se siente estúpido]
pero entonces un calambre
le recorrío la espalda:
eran las cosas que él pensaba que debía hacer,
que desde fuera le decían que debía hacer,
y que de pequeño le enseñaron a hacer.
El gato quiso saltar por la ventana,
luego comió de su recipiente para gatos y bebió algo de agua.
El que escribe también quiso saltar,
pero luego dejó de pensar, y dijo:
¡Ay! ¡Qué casa tan casa!