20 de enero de 2012

nocturne 2

Bajo el gran velo 
blanco que amanece,
las hijas de Saturno 
juegan en la fuente.
Sombras en sus ojos 
se pierden en el agua,
mirando muy de lejos
visiones del mañana.
Dibujan remolinos
con sus pequeños dedos,
y el agua blanca y clara
de pronto es negro hielo.
Su cabello, rubio y triste,
plata de sol de invierno,
juega con la suave brisa.
Sus pies desnudos, bellos, 
menudos, pálidos y fríos,
marchitan con gracia
las flores que pisan.
¡Las niñas malditas!
Grita a veces el ciego,
cuando las niñas ríen
por su lado corriendo.
Tienen el aura oscura,
la cicatriz del miedo,
y en su voz resplandece
el alma del invierno.
Ha oscurecido el cielo,
y la luna se enciende,
ellas están temblando...
Ven que su padre viene.


Allan