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Ver claro y sentir es morir.
El alma teme a la realidad.
¿Cómo podría uno olvidar?
Soy el viejo de madera gris:
Miro sin miedo la oscuridad.
I
La tormenta no tendrá cabida.
Vendrá la lluvia metálica,
enfriará la mirada de los niños,
y, al grito de las once garzas,
germinará la dorada semilla.
II
Un halo de luz verde esmeralda.
Voces que se pierden en la noche.
Claman la llegada. Bruja de hielo:
Viene con ojos de corazón negro,
roba la luz con manos de cristal.
III
A la puerta de las ciudades relucientes
repiquetean los clarines de la mañana:
Anuncian la derrota del rey castrado.
No ha podido tener hijos,
a la tarde será colgado.
IV
En las llamas de la hoguera
aparecen rostros que se esfuman.
Gritos sin forma rojizos y ardientes.
Sus lamentos son el humo azul
aullando por el firmamento.
V
El centauro galopa por el bosque:
Ha sido avisado por el indio.
Los espíritus de los árboles
lloran por el advenimiento:
Se ha invertido el ciclo.
VI
Las luces de los coches
son amapolas inflamadas.
Brillan los ojos en la noche:
Las luciérnagas soñadas
por la mente del hombre.
VII
Siete es número de mala suerte.
Los perros blancos son demoniacos.
Las viejas sacuden su pelo muerto
de sus abrigos de zorros
descuartizados.
VIII
Están entre amigos y succionan.
Son vampiros enmascarados.
Tras sus caretas hay un abismo
que absorve los alientos.
Oscurecen la energía.
IX
Oscila la peonza en el agua,
su dibujo simétrico y perfecto.
Genera ondas que se expanden
creando las olas de los mares.
La peonza es el centro.
X
Las larvas están en la cebada.
El anciano escuálido la viola,
la ahoga en montículos de paja.
Acaba y se hace una tortilla.
La gallina pone más huevos.
XI
Dos unos hacen un Dos.
Son las columnas del templo.
La profecía escrita en griego:
El espejo ha de mirar al espejo.
Entre ambos reside el secreto.
XII
Nació en primavera.
Llegó con la mañana.
Su dedo señalaba al cielo
tras el primer fallecimiento.
Música le aguardaba lo incierto.
XIII
Trece es número de buena suerte.
Los gatos negros están riendo.
Se ha abierto el cielo.
Se derrama la luz.
Todo está siendo.
XIV
Comprendamos el tiempo:
Lo vivo se devora a si mismo.
Lo muerto nunca lo ha estado.
Ni vivió ni murió en verdad,
tan solo ha cambiado.
XV
En su espalda un mándala
dibuja el Laberinto de Venus.
Gime su cuerpo dulce y frágil.
Nos disolvemos: Somos unidos.
Morimos para estar vivos.
XVI
Huesos pardos y anillos de árbol.
Podredumbre entre hojas mojadas.
Olor a hongos y a otoño castaño:
El águila ha virado al oeste.
Transitan los astros celestes.
XVII
Los hombres sonríen mecanizados.
Son las piezas del horrible motor
que sus inteligencias han creado.
-Que se esfuerce por no funcionar
es lo que le hace seguir funcionando-
XVIII
El cerdo, el zorro, la rata, y el león,
conversan de su pobre retribución.
La comadreja compra compresas,
mientras reza por sus hijos:
Se están drogando en la escuela.
XIX
Suplican. Se retuercen.
Maldicen mirando hacia el cielo.
Son condenados por hambre de bien.
Sus rostros se han transfigurado:
Sucumbe la ciudad de los enajenados.
XX
Nace la verdad.
Llega y se condensa.
Nace la mentira.
rompe y se dispersa.
Un solo mundo
dividido en dos.
XXI
A la llegada del nuevo siglo
marea esquizofrénica colectiva.
Los ángeles huyen despavoridos.
Se declaró la guerra a la Madre:
Los seres pronto serán de mentira.
XXII
Líquido amniotico interconecta todo.
En el se contrarrestan las esencias.
Las energías se alteran de repente.
Los hombres no se han dado cuenta:
Se ha enfadado el señor de la niebla.
XXIII
Escucharon mudos al hombre ciego
que narraba sus oscuras visiones.
Habló de las transiciones eléctricas.
De pestes, redes, suicidios y clones.
Una rama se quebró por la nieve.
XXIV
Suplican los violines con ternura
velados por la madre de las rosas.
Golpean la madera las botas viejas.
El nieto del diablo rasga la guitarra:
Sus dedos verdes sangran.
XXV
El pensamiento nunca arriva.
La palabra no es el camino.
Lo que se siente a ojos cerrados
es lo divino. Lo verdadero:
Muere el pez, renace el carnero.
XXVI
Habla el espíritu:
La materia es grosera.
Habla la materia:
El espíritu es absurdo.
No escuchéis las voces:
Elevaros sobre los mundos.
XXVII
El sabio tuvo que ser guerrero.
El león tuvo que ser gato.
El dios tuvo que ser santo.
El poeta tuvo que ser payaso.
XXVIII
Rompen las olas salvajes
contra los valles de su espalda.
Su cabello son anguilas y algas.
Abre la boca y oscurece el alba.
Su cuerpo marino está iluminado.
XXIX
Yace tendido el cuerpo desnudo
clavado en una pared de mármol.
Tiene dos serpientes a su lado,
una marca roja en su frente.
Lámparas y arañas doradas.
XXX
Los tres hijos se han consumado.
Las pupilas ahora son planetas.
La conciencia no es concreta,
el alma es oceano.
Medita en el risco.
XXXI
Mueren sentados. Viven por dentro.
En letargo diseccionan sus ideas,
son inaptos, inertes, bellos insectos:
Son los parásitos de esta ciudad.
Enloquece la llama al viento.
XXXII
Tarde terrible y fría de febrero.
Poseidón ha regresado a su origen.
Clama en tempestad por el sacrificio:
El hombre debe matar a su hijo.
Después se reunirá con su madre.
XXXIII
Sufren pero permanecen callados.
Están en llamas pero tienen frío.
Piden ayuda en silencio mortecino.
Se desesperan en la incomprensión.
Nadie los conoce. Caminan aislados.
XXXIV
Dios al que suplicar.
Víctima a la que salvar.
Ven, acércate. Dime hijo:
¿Cuál de ellos escogerás?
XXXV
Los hombres buenos mueren solos.
Los dioses quedaron todos ciegos.
No creáis en la justicia divina.
No creáis en el destino.
Creed en el uno mismo.
XXXVI
Depresión es una marea negra.
Colisiona con las gentes nuevas.
La luz lucha impasiblemente.
Llegaron los hostiles sin armas.
Suicidio en sangre en pancartas.
XXXVII
Devorados por mandíbulas de vidrio
tienen los párpados pálidos y morados.
Son dementes agarrados a sus delirios.
Son locos enclaustrados en edificios.
Nadie los quiere a su lado.
XXXVIII
Encerrado en un traje con corbata cara.
Encerrado en un cuerpo fofo y graso.
Todo parece respetable y saludable
su sonrisa y sus dientes blancos
encierran un asesino despiadado.
XXXIX
Miró al cielo blanco: Sonrió.
Sea triste, o enfermo, o loco,
sea repudiado, o feo, o miserable,
sea lo que quiera usted que sea
tendré al arte para respaldarme.
XL
Renace con el sol y las aves.
Todas las mañanas una lucha.
Todas las tardes una derrota.
Todas las noches una muerte.
Renace con el sol y las aves.
XLI
La ignorancia y el aburrimiento
echaron un polvo: Nació un hijo.
Lo bautizaron en el Éufrates:
Lo nombraron Mal.
Ojos azules.
XLII
Camina escondido de sí.
Con el sol tiene una deuda.
Con la luna una pasión.
Rompió su mente al viento:
Abandonado al corazón.
XLIII
Una madre le dijo a su hija:
La inteligencia es buena.
Al día siguiente, inteligente,
le dijo su maestro de escuela:
Niña no hagas caso a mamá.
La inteligencia es una condena.
XLIV
Su amor es una herida
que sangra voces negras.
A veces una idea, un sueño,
a veces la muerte, un destierro.
El monje; la cabra; el cementerio.
XLV
Cuando llega la ignorancia
duda el propio conocimiento.
¿Qué sabemos en realidad?
¿De qué sirve lo que sabemos?
Removemos remolinos tuertos:Huesos. Cenizas de muertos.
XLVI:
En el salón las trece viejas
velan a la niña que ahora nace.
Se vuelven una; y una, un ave:
Arrasa las amapolas de oro.
Brotan la luz y la sangre.
XLVII:
En el río se arrodillan casi todos,
miradas limpias, ropajes blancos,
el sudor les empapa los rostros:
Frotan sus manos sin descanso.
En el claro del agua los ojos
de Algo.
XLVIII:
¨Todo es criticable¨. Nos dijo.
Después, arremangándose,
sacó las canicas de la chistera
y se iluminaron en la noche.
Las dejo caer en la hierba.
Se volvieron doce piedras.
XLIX
Colores en venas, arterias.
sin sentido, sin finalidad,
se diluyen, caen, suenan.
Formas, sonidos del allá.
Eclosiones en la cabeza.
Magia de medula espinal.
Allan.