23 de julio de 2012

Soy uno de esos hombres que no deberían haber nacido. Me siento no ya fuera de mi tiempo, ni fuera del lugar en el que me ha tocado estar, sino fuera de todo el conjunto de sombras que forman esto que llaman vida, y que propiamente deberían de llamar muerte. Lo que ahora soy estaba bien antes de venir al mundo, antes de coger forma, antes de tomar nombre. Pero, por tener que ser, no he sido, y si no hubiera sido, estaría siendo verdaderamente.
Detesto el tiempo, abocando todo al olvido, abomino el espacio, dotando a todo de una forma que miente, y si todo esto me horroriza es porque tengo recuerdos a los que no alcanzo de allí donde no existían ni la forma ni la linealidad. Por esos recuerdos inciertos, por mi comprensión íntima del sueño, por la nostalgia inefable que tengo de lo imposible, mi espíritu no cesa de llorar con sonrisa.
Cuando me ven, no soy visto, cuando veo, no veo. Nada me incomoda más que tener una presencia, que ser un canal por el que fluye el todo, una de las infinitas piezas del juego de nadie sabe qué.
Quítenme el rostro y seré feliz.


Manuel León.