Me enamoré de una prostituta
tiempo antes de conocer a Elena
entre el humo y el alcohol
me reencontré con sus labios
y sus dedos se volvieron curiosos
La música iba revolucinándose
al igual que el fondo de mi pantalón
sus manos se volvieron curiosas
Me mordió la oreja
y más que la oreja
su andar era lento
y su memoria eterna
Arrancó la lluvia de seducción
y olvidé mi paraguas
cuando llegó al primer botón
detuve el juego
recordé mi virginidad
y la mandé a la mierda.
Pedro Pazos.