A los once años me case con la música y el tabaco la droga empezó a ser mi amante al cabo de un año empecé a empobrecer a rebelarme a enloquecer a fragmentarme a (des)conocerme y tras el encuentro con el hombre negro a la salida del colegio de infancia toda mi materia se volvió gris brillante como la superficie de la piel de un caracol la voz de mis pulmones era más alquitranada mi mirada perdía vida mi sangre purpureaba y desde luego los párpados ay los párpados desde el primer día de mi vida tuve insomnio pero los párpados habían mantenido compostura y educación hasta entonces ¡y que decir de las cejas! si...por aquel entonces vi los primeros resplandores tal vez ángeles océanos abismales debajo de mi bañera sueños con la Madre Bruja y su voz de manzana dulce vi la sangre y los ojos malos si por aquel entonces perdí algo mis padres pasaron a ser los enemigos mi casa un campo de concentración mi colegio un quemadero de judíos y yo un numero esperando a ser gaseado bajo el concejo de los hombres altos y con máscaras de mosca mientras tanto la vida idílica de mi urbanización transcurría con su alegría de capuchino y pastas su olor a tragedia horrible sus colores pobres prefabricados anodinos soledando mi alma por las infinitas caídas del sol y el sueño de eclosiones inevitables yo me hacía vivir sin saberlo enmascarándome en la imitación automática la sonrisa de la gracia y la divinidad robada por las manos del hombre negro a la salida del colegio de infancia ¡y su mirada de terrible sombra! Él me llevo de las manos marchitando rostros como la muerte por las aceras haciendo cenicientas cenizas las pobres personas una a una por las calles enverdeciendo a su paso las copas mágicas de los arboles deleitando el día de extrañísimas luces brisas muy vivas llenas del rocío de la fuerza invisible imbuidas del aliento de todos los universos y los frutos eran ahora más carnosos iluminados ¡La belleza de una ciruela! no sabría explicarlo así que supongo que mi miedo al hombre me llevo a mi amor por todo lo demás y ahí me teníais en mi cuarto como siempre examinando las volubles volutas de humo malformadas de aire con suavidad y calidez por el espacio como las ondas milagrosas que se producen en la danza del agua o los microcosmos alucinados en colores multiformes que se forman en el dibujo del jabón cuando mi madre termina de lavar los platos o el amarillo dormilón y dulce de los trigos el pelo rubio musical y oloroso de la mujer ángel que flota entre azules de nieve y rosas de verguenza de mejilla tímida reposando en las nubes como el sueño que nunca se concluye o la idea que no encarna. Allí es donde pasaba la mayor parte de mi tiempo en el éxtasis en la contemplación de lo inexplicable abriendo mi pecho a corrientes de esmeralda bocanadas de luz granate implosionando en el rostro deformado de la nada y mientras tanto aquella sombra descansando en la esquina de mi habitación ella contemplándome a mi con su mirada de noche vieja y cuerva ¡Y todo lo que me hizo perder la sombra! Ella me tomo como lo hace el amor y se apoderó de mi bailamos un tango roto de viola oscura de cortinas polvorientas tacones y vieja madera vino cinturas desnudas y pieles pálidas de otoño, ya sabéis, me foye a la sombra ,lo que me hizo preñarme de Luz. Oh, inmaculado concebido. Y lo que antes estaba quebrado y perdido como las manos de mi madre o las palabras que no se dicen empezó a brillar como el escarabajo de Poe como un destello ciego que no se comprende aunque en el quemadero de judíos la mujer gorda y peluda que servía la sopa me dijo "hoy hay sopa de pollo de esa que trae letritas mira te he hecho una frase con ella" y en ella ponía : "F u Eg o fa Tu o" y yo me morí de la risa literalmente, si pasó eso de que tuve que morir para renacer y renacer fue algo maravilloso tan maravilloso que no me di cuenta que tocaba empezar a vivir una vida otra vez ¡Como si una o dos ya fueran pocas! Por eso cada vez muero y renazco más rápido soy adicto a la transmutación
salutación