Todos somos víctimas
de nuestra propia ilusión.
Todos vivimos cuales ciegos,
sumidos en nuestro fantasma.
Un poeta abre la boca: ¡Misterio!
Un empresario también: ¡Dinero!
En tanto que el poeta escucha,
como también el empresario,
y ambos se ríen del contrario.
Todos Dioses de este mundo.