10 de octubre de 2012

Cuento

Entre mis páginas favoritas,
de los indomables ojos de Rimbaud,
encontré una hoja aplastada.

No recordaba haberla dejado ahí,
vomitando letras en palabras azules,
arrastrando en la corriente alfajores,
dulces como un beso nuevo.

Una amiga cualquiera vino a verme,
le comenté lo de la pequeña hoja,
entre vasos de sidra rellenos de whisky,
nos llenamos de fragancias silvestres.

Entramos en una arboleda de regalices,
con ríos de chocolate caliente,
enanos erectos con falos gigantes,
un cielo rosa como el sueño.

Al final del camino, siempre al final,
un viejo olmo reinaba el paisaje,
tan real como una bofetada,
en un mar de abrazos sinceros.

Miré a mi amiga mientras sonreía,
entonces señaló al árbol y echó a correr,
a sus pies estaba mi vieja hoja aplastada,
tan de mentira, como yo.


Olivia Pazos