Y me siento alegre entre mis vestiduras tristes,
bajo este aspecto de sufrido pesimista,
sólo hay montañas de amor gozando,
como levadura de una idea lejana,
hinchando las costuras de mi piel.
Y me recuerdo cansado temblando de frío,
acurrucado entre los brazos de nadie,
contando en silencio los segundos,
como asunto impropio y pasajero,
arrastrado por el viento en delirio.
Y levito como una pluma de otoño,
acercando tu aroma invisible,
desafiante hasta la locura.
Y sutil como el final de la lluvia,
mi tristeza sucumbe.
Hugo Vidal.