Lo que convierte al ser humano
en la especie predominante
no es la capacidad de razonar
sino su excelente combinación
de los cinco sentidos.
Otros animales desarrollan más
los que más les convienen
para sobrevivir en su habitat.
Los humanos, en cambio
para sobrevivir a su habitat
han de emplear la razón
y procurarse un buen bocado
de todo cuanto puedan morder
antes que sus iguales.
Pues la razón es el enemigo
el arma del hombre para el hombre
para sí mismo
y sus comunidades hiperpobladas.
En cambio, los sentidos
nos dotan de habilidades ùnicas
para recibir la energía
mediante los infinitos ojos
el inolvidable olfato
el ensueño del oído
el placer del gusto
la habilidad que poseen nuestras manos
para ser canales sanadores
o verdugos demasiado conscientes.
Lo que condena al hombre es su razón
lo que le conecta con el universo
y con la tierra que habita
y con sus iguales
no es más que su capacidad de recibir
lo que la vida le ofrece
y él se empeña en negar.