25 de enero de 2013

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Salió al escenario.
Una rosa en la mano,
manto de fúnebre negro,
rostro de fúnebre blanco.

Ella, terrorífica y bella...
Aureola de ébano santo.

Comenzó el espectáculo.
Nació la música, la estrella,
y a medida que su voz crecía
se iba emocionando...

Apretaba la rosa y la vida...
Desataba el alma y el llanto...

Apretaba la rosa y la herida
cada vez se iba agrandando.
¡Sangre por sus rotas manos!
¡Muerte y sombra en su llanto!

Y en el suelo yacía tendida...
La música se había apagado.

En silencio esperaba respuesta,
desnuda aguardaba el aplauso,
pero su escenario no existía,
el público lo estaba soñando.

Real, tras el cristal de su cuarto,
en delirios se desvanecía...

Y yacía, la pobre,
la loca, tendida yacía,
y a su lado la sangre, la rosa,
el charco del alma, ¡Su vida...!