9 de enero de 2013

a

Dios, haz de mi carne un cuerno de luz,
una amapola de agua, una ola de nieve.
Que mis manos sean temblorosas ramas
mecidas por tu voz, tu luna, tus vientos.
Solo tú me conoces y me puedes entrar.
Escucha y fúndeme. Haz olvidar qué soy,
tórname pétalo de tu magnolia de muerte,
toma mi sangre, alimenta a los sedientos,
colma de mí a las bocas negras del cielo,
haz de mi ser un faro en el firmamento.
Déjame penetrar en la noche de tu alma,
desnudo, de carne, de ojos, de mente,
como desnudo me concebiste
para dar mi aliento a los que descansan.
Ahora, que mi pensamiento es océano,
que mis cabellos son las algas del eterno,
Ahora, que mi piel son laderas de trigo,
que mis poros tierra, raíces mis arterias,
que soy yo el elixir invisible de la unión
un chorro de vida por los universos.
Dios, libérame de ser persona. 
Porque tú conoces a los de ojos de ángel,
que sufren por la grosero de lo material,
que bebieron de la leche de la madre nube
pero cayeron y sufrieron por lo imperfecto.
¡Llévame, señor, llévame a cumbre de sol,
a las cimas y bóbedas de bien y belleza,
allí de donde yo broté, allí de donde brotan!
¡Disuelve mi mirada, elévame y hazme retornar!
Porque ver los ojos que sufren es sufrir
porque el mundo es demasiado para hombre
porque cada dia es sometimiento y milagro
y sabes que soy vulnerable a luz y a rostro,
a palabra, a gesto, que el movimiento daña,
sabes que anhelo...¡No quiero espacio/tiempo!
No soporto que mis ojos vean la tierra
y que tu voz me la desmienta.
No aguanto que todo lo que tengo se irá,
que cuanto conozco y soy desaparecerá,
no puedo con cuanto no es eterno y perfecto.
Tú, padre de los estados y las dimensiones,
¡Hazme olvidar! Porque olvido y soy tú,
y me gusta mirar con los ojos
con los que tú me miras.