17 de junio de 2013

True romance


Llevaba un tiempo encerrando algo en mí,
no sabría decir qué, pero tú me lo recuerdas,
hay inviernos que duran dos veranos,
hay ojos que al aire de junio permanecen,
clavados en algún punto sobre el abdómen,
como una risa escapando de un muro,
inocente y desesperada entre breves ginebras,
en alguna terraza o algún bar de Madrid,
como un camino entre las calles, un diálogo,
discutiendo en silencio lo mucho que me gustas,
como un sueño, o un palacio inventado,
dibujando en las calles y veranos de Madrid,
lo que hacía tiempo olvidé observar.

Y contando uno a uno tus lunares,
por fin me salió infinito.

Y soñando con tu piel bajo mis dedos,
la noche cobró sentido.

Hacía tiempo que no me detenía en tu voz,
cuando la deslizas entre el viento con sutileza,
o cuando pestañeas, y lo detienes todo,
porque estrangulas al mundo en delirio,
sí, cuando pestañeas amor y yo muero.

Y en las letras de un corazón triste,
tú dibujas flores con tu sonrisa.

Y en los pantalones de un pobre lirio,
nace el alma de una canción feliz.

Ya se fue el invierno y con él tu olvido,
o lo que intentó ser olvido entre nada,
ahora he rescatado tu recuerdo de mi abismo,
confundido entre las bragas de otra mujer,
castigado por no llevar tu aroma.

Y he soñado que besaba a la más bella de Madrid,
dibujando infinitos lazos entre infinitos lunares.

Y soñando con tu piel bajo mis dedos,
la noche cobró sentido.