Hoy he salido a pasear y la noche estaba alegre,
antes, adormilado en mi escritorio, sólo llanto,
ahora, tras la luna llena, las nubes rosas,
el tacto del cesped, nuestro cesped y de nadie,
los pequeños conejos saltando como en cuentos,
las maravillas de alicia dibujadas en acuarela,
tu cambio como sol y tu miedo a cambiar,
siento tanto dolor en mi nuca al no mostrarte,
al no enseñarte lo que hay más allá de lo conocido,
entre las montañas de colores y caminos de tierra,
pero es mi miedo el que controla mis actos,
contigo incluso, me dejo llevar, me arrastro,
sonrío estúpidamente por cada gesto o palabra,
porque mi mente y mi cuerpo y mi todo,
se descomponen al descubrir tu sonrisa,
al sembrar tu sonrisa en mi rostro sin mueca,
me haces reír y morir por dentro, al tener miedo,
miedo a ser rechazado, miedo al no guiarte,
al no caminar de la mano contigo entre la niebla,
porque solo no sé andar, porque solo no soy.
Y me atrevo a decir que soy un cobarde,
tantas veces me mataron la ilusión,
tantas veces la maté yo al matarla fuera,
tantas veces he perdido el sentido a la vida,
por quedarme abandonado en medio del camino,
que he olvidado el bailar de mis piernas,
he olvidado el camino sin rumbo,
y tú me lo has devuelto, en tu sonrisa,
en tu manera de reír, en tu miedo a caminar sola,
y mi miedo a caminar solo,
ha nacido una rama de hierba en mi vientre,
que me invita a cogerte de la mano,
y caminar muy pegados, como uno solo,
pero sin miedo.