20 de marzo de 2014

Todo el sueño se diluye en el último parpadeo.

El sueño de su Persona, de su quimérica memoria,
El sueño de su existencia, de su dolor y su anhelo.

Cráneos, fúnebres mariposas: Nada esconde el velo.
En el cristal de su ojo ya no queda vestigio de gloria.

¿Soñó la victoria? En el cementerio se pudre el sueño.
En sus manos la ceniza final de un gélido crisantemo.

Su alma alza el vuelo y solo algunos, otros no, le lloran.
Quizá por seguir vivos, quizá porque no comprendieron.

Bajo sus cejas hay un misterio que se libera de un peso,
sobre su calavera de ágata el fuego de un cirio negro.

¿Soñó la victoria? Qué importa.
Nunca morirá el viento que ahora mece sus muertos cabellos.