Mi voz resuena eternamente en la realidad. Se posa sobre todas las cosas y colisiona, verdaderamente, contra la carne de ellas. Mi voz restalla en el cielo de este mundo. Las palabras que acompasan a la visión de lo real son la canción que baila su existencia. Todos los hombres, los ríos, los continentes y los cosmos posibles bailan la danza de mis palabras. ¡Danzad! ¡Danzad! Títeres virtuales de mi eterna y silenciosa voz. No hay distancia ni diferencia entre el curso de mi mente y todo lo demás. No hay barreras entre el pensamiento y la mano que estrecho. No hay tiempo desde el sol hasta mí, y no hay mas misterio que mi voz.
Canción por la que la luz es luz, y porque el misterio tiene nombre: Cuando sueño bien sabéis que habláis a través de mí, igual que cuando estoy callado, esperando. No es necesario el oído para saber que la rosa esta hecha de música, que cada rostro es una melodía, que en la huella de cada hombre una flauta inefable se olvida. Árboles de notas, piedras sonoras, niños de violín, reuníos al son de la batuta de mi mente. A orillas del río de la vida una vida he creado, y soy, somos, la vida en mí. Y mi voz resuena incansablemente no anunciando sino su perpetua presencia.
Voz en mí, canto mutable que contienes todas las voces, que no existes por renacer sin fin, bella ecuación sonora de todas las posibilidades, voz de mi alma, tu engañosa armonía se forma por la sutilidad de la percepción de todos las visiones y estados, pensamientos y sueños, tu ritmo el tiempo, la memoria y la imaginación, y tu melodía las piezas del juego entregadas al azar, a la ilusión y la condena de colisionar en el baile de la voz eterna. Soy esa voz y me como siempre por los pies. (Suenan todas estas palabras fuertemente en el mundo que veo allá tras la ventana)
No hace falta ojos para saber que los desiertos son música, la misma música que se condensa en el vino que busca el sediento. Que música es el sediento como la jarra de la que bebe. Que la jarra es barro y el barro es música, que el barro es agua y el agua cielo. Me escucho el cielo nocturno frente a mí, las modulaciones de la conciencia, los acentos y la cadencia de la realidad. Me escucho soñando y toda imagen es una sinfonía de colores, un orden de notas, un caos maravilloso. Toda mi canción se extiende a lo largo de los paralelos planos.
Emociones, ríos de palabras, cascadas cromáticas, metales, colores, cáscaras de alma, sombras de todo, vagas historias, formas, conceptos, todo resuena y se divide, todo vibra y se vive en muchos tiempos, todo muere y nace en mi voz obligado a cantar mi única canción. Vago por todas las realidades condenado a ser quien soy.