De tu lágrima hice mi lágrima, hermano.
De tu sabia tomé mi sabia, de tu luz cogí mi luz,
de tu sombra creció mi sombra, y de tu agua mi agua.
Estamos unidos para siempre; de tu alma forjé mi alma.
Cogí tus tristezas para un llanto mío,
y con tus alegrías entoné un canto.
¿Cogiste tú las mías?