7 de enero de 2012

cielo

Aquí estamos, bajo el cielo, 
aquí nos ha tocado estar.
Bajo el mismo cielo del que 
surgió todo lo que conocemos,
bajo el mismo cielo que 
nunca llegaremos a conocer,
bajo el mismo cielo que 
continuamente vendrá.
Cielo que vio cuanto nació.
Cielo de ojo infinito, qué,
de tanto ver, llegó a ser sabio,
y como buen sabio, se cansó,
por ser todo permanencia,
por ser todo eterno cambio.
Cielo que supo cuanto pasó.
Testigo de todas generaciones,
juez maestro de la evolución,
siempre nos habló en colores,
con luz llovió su revelación.
Cielo que oyó lo que se pensó,
que se mofó de nuestros dioses,
negro cielo al que ensangrentó
lo que de él decían los hombres.
Gran inabarcable, padre eterno,
guía iluminado del pensamiento,
¿Algún día vendrás y nos contarás
quién te puso el nombre Cielo?
Sol de carmín, nubes anaranjadas,
o franjas rosas, añiles y doradas,
cielos muertos, azulados y verdes,
tenues lunas suavemente blancas,
pálidas nubes, o brisas delicadas,
o estrellas que tiritan a la mañana,
¡Cielos, si, cielos, 
todos los cielos!
si podéis oírnos,
y ayudarnos,
por Dios...
Hacerlo.


Allan.