19 de junio de 2012

Amanece

¿Ves el amanecer?
¿Ves la luz, y la miel,
y las piedras centelleando,
el dulce aliento de los prados,
la voz pura de los vientos aullando?


¿Oyes al rebaño que despierta,
el júbilo del gorrión recordando
las almas de los niños que estuvieron,
y juguetearon por la fuente, y crecieron,
y se desvanecieron bajo el destello blanco?


¿Ves por la ciudad, tras las paredes,
los ojos soñolientos de la madre,
que despierta y entrega con amor,
que trabaja leche y mermeladas,
que bendice la gracia del cielo?


¿Ves el cambio, el tiempo, el sentido,
el silencio esplendoroso que te baña,
el significado de una estación,
el tigre y su pan de oro,
la mirada melancólica
del ojo que te aguarda?


¿Ves la piel vieja de la montaña,
su alma calma, sus cabellos salvajes,
el movimiento quieto de las aguas,
la transformación infinita,
ves el centro de la vida?


¿Ves las formas, sus largas sombras,
los pensamientos cruzando la calle,
los planos, los órdenes, los niveles,
te ves a ti en todo en lo que ves,
ves el cosmos bajo tu tez?


¿Ves a la mujer, y su frente franca,
la santa incertidumbre de su espalda
su belleza, su fuerza y delicadeza, 
el esplendor angélico de su aura,
su aliento de clavel y flauta?


¿Ves al santo y mártir en el estanquero,
ves a la poeta en la camarera sucia,
o la pureza inocente de la puta,
o la humildad divina y rica
en la mirada del pobre?


¿Ves la bendición en una fiebre,
la esperanza en el rostro del horror,
el cristal y el beneficio de una crisis
él ángel encerrado en la maldición
ves la luz incontenible de la muerte?


¿Ves al hombre, su hambre y corazón,
el poder inmensurable de su creación,
su lucha salvaje, la furia de su voz,
su crin de bronce, su justa mirada,
ves al alto y místico león?


¿Ves la Luna y su pena tan serena,
a Saturno y su espantosa lección,
a Marte rugiendo vida y sangre,
al gran Zeus, al pícaro Hermes,
al baile de la Bella y el Sol, 
Ves a los Tres tras la Niebla?


¿Ves a cada hombre en las estrellas,
y a cada estrella en cada hombre,
la mística unión del cielo y la tierra,
y el gran proposito de la madre
Ves sus llantos de magia celestina
sobre nuestros insólitas cabezas?


¿Ves la calma iluminada del perro,
que Él es Buddha, Mahoma y el Cristo,
y pasea con abandonada entereza,
deleitándose con un hueso de cerdo,
venerando al placer y al instinto?


¿Ves el sueño engendrando a la vida,
que fuimos un sueño y ahora somos,
que lo que soñemos pronto será,
ves el vértice de la mente
que genera la realidad?


¿Ves tras cínicas sonrisas maldad,
ira, envidia, egoismo, oscuridad,
los mil rostros de la vanidad,
y, aun a pesar de verlo,
vislumbras la bondad?


¿Ves las leyes que nos dan,
la del espejo entre espejos,
la del triángulo, la del imán,
la de ser un gran centro
por donde centros van?




(...)




 J. M. E.