7 de septiembre de 2012

Es la risa de Dios,
el dedo mudo que nos señala,
la sentencia irónica por la que llora el alma.

La voz quieta de la ley,
el mensaje cifrado del destino,
las deudas pendientes que tiene uno mismo.

Advertencias camufladas,
señales que se disfrazan de sucesos,
apenas vislumbradas por el pensamiento.

Son personas que llegan,
enviados terribles de los astros,
y sucumben cada partícula de los adentros.

Una justicia dura y sutil,
que recuerda todo lo ignorado,
y trae a los ojos todo cuanto no afrontamos.

Son terroríficas pruebas,
maquinaciones de este universo,
golpes que nos inundan de pálpitos negros.

Llanto eterno.
Los cuellos cansados de ser.
Las manos levantándose al cielo.

Es la risa de Dios.

Allan