La señorita Katherine
me castigaba de niña.
Ahora me castiga el cielo.
Sigo siendo la que mira a la esquina.
La que suspende por no obedecer.
a la que le gusta destruirse
y negar la vida.
Ser rebelde es desear la muerte.
Veo como todos sonríen
y quiero lo contrario.
Quiero tristeza.
Conseguiré el repudio
y caminare entre personas,
como una fiebre que se detesta,
como una ola de peste por la calle.
Me clavaría agujas por todo el cuerpo,
y saldría desnuda al vecindario
y diría: ¡Mirar, mirar!
¡Anita sangra!
¡Mirar lo que habéis hecho con ella!
Pero no,
Anita baja la mirada,
camina y guarda la rabia.
Anita tiene que parecer educada.
¿Qué querrá el destino de mi?
No lo se, pero yo le escupo.
Al destino, al universo,
a todos los Dioses.
¿Me escucháis?
Yo os escupo.
Desde aqui os desafio.
Es mi llamada.