Los hombres que trabajan la tierra
son ignorantes como ella misma.
Viven lejos de la civilización
y por no desear la sabiduría,
se vuelven sabios y altos.
No conozco más pureza,
paz, templanza, y entereza
que aquellos que se codean
día a día con la Eterna Madre.
Mirar sus ojos es como mirar el agua.