18 de noviembre de 2012

He visto que al final del camino
no hay nada
así que he disfrutado de andar
me he detenido a observar las flores
sin más razón que mirar las propias flores.

Una vez que he mirado toda la mierda
la he aceptado como parte del camino
y he sabido apreciarla tanto como a la flor
porque igual que existe la flor, existe la mierda
así que no hay sentido en no amarlas por igual.

En algunos paisajes no he podido evitar mojarme
porque sentía tanto la muerte de noviembre
como el renacer de abril, preguntándome cada junio
el porqué de lo indefinido.

Cada pocos kilómetros me he visto obligado a parar
para cobrar conciencia de la luna y su reclamo
solitario en el inconsciente y fuera mal acompañado

Pocas veces se me han enseñado las estrellas
bajo estas nubes de prejuicios, miedo y polución
pero siempre al final del camino
no había nada, y como el agua
me dejaba llevar.