Querida Anael:
Hoy he vuelto a soñar contigo. Como consecuencia inevitable, he vuelto a despertar llorando. Recuerdo la primera vez que sucedió, fue el 18 de agosto de 2010. Estaba durmiendo en la litera inferior de mi autocaravana, a los pies de un acantilado que daba a una playa sin nombre, con vistas al Pacífico. Me desperté llorando porque te echaba de menos. Varios meses antes había decidido abandonarlo todo y cruzar el mundo porque en este lado, sin ti, nada me retenía. Creía que el cine, mi gran pasión emergente, me salvaría de tu ausencia. Aún lo sigo creyendo. Tras llorar y chillar, como sólo había hecho antes en el momento de nacer, me puse a escribir durante 15 días. Terminé mi primer guión, la primera vez en mi vida que acababa algo, de unas 150 páginas escritas de mi puño y letra. Al acabarlo, te escribí anunciando mi vuelta. Porque el cine y las estrellas, se me habían quedado pequeñas para todo lo que habitaba en mí, que sólo tú podías llenar.
Regresé a Madrid y te seguí esperando. Ahora eres tú la que ha cruzado el mundo y yo me refugio de nuevo en el cine. He terminado mi primera película, esta vez de 10 minutos. Y seguiré haciendo más. Seguiré refugiándome en mis sueños, en todos los demás que no tienen que ver contigo. Porque a la espera de cumplir mi mayor deseo, trataré de cumplir todos los demás. Creo que sólo es una excusa, una excusa que me pongo a mí mismo para no pensarte. El cine es mi vida. Pero no dudaría un solo segundo en abandonarlo todo de nuevo para pasar el resto de mis días siendo un simple amo de casa, esperando a que vuelvas del trabajo para hacerte tu comida favorita, y hacerte tu amor favorito y hacerte reir.
Te conozco desde los 10 años. Cuando al salir de clase, cogíamos el mismo autobús para volver a casa. Fuimos grandes amigos, compartimos juergas, secretos, amores, desamores, amigos, pasiones. Hasta que un día, después de 10 meses de agosto pidiendo el mismo deseo a las estrellas, por fin nos besamos. Y nos volvímos más inseparables. Y compartimos risas, comidas, amigos y pasiones. Y nos amamos con locura. Y te fallé sin perdón.
Hoy he llorado al despertar, porque en mi sueño salías corriendo y yo te perseguía sin alcanzarte. Es curioso lo delicada que es la frontera entre la realidad y el sueño. Me enamoré una vez antes de estar contigo. Lo volví a hacer después de un tiempo sin ti. Quizás vuelva a conocer una mujer que me haga reir como tú, de la que acepte los consejos a ciegas, por la que quiera despertar cada mañana con una sonrisa nueva. No lo descarto, es más, lo busco desesperadamente entre vasos de cristal y largas caladas de espeso humo. Pero lo que cada día que pasa tengo más claro, es que posiblemente seas la mujer de mi vida. Y te dejé marchar. Es por ello, por lo que merezco cada una de las gotas que derramo, cada mañana, cuando despierto llorando y no estás conmigo.
Siempre tuyo, a veces de nadie, Mi.