22 de noviembre de 2012

El hombre como animal
come orgulloso otros animales.

Sí, yo también lo hago
y me deleito con su sabor.

El hombre, pese a todo
se asusta del pequeño insecto.

El hombre, que tan grande se piensa
no resulta más que un disfraz con huesos
durante menos de cien años mortales.

El hombre, sin embargo
ha sido capaz de llegar a la música
desde una insignificante célula
tras vagar perdida por el vasto mar.

El agua es el principio de toda existencia.

El hombre es afortunado
de beber por sus labios
de bañarse de lluvia y de océano
de ser agua.

Y como rayos de luz o de dios
al hombre le posee el instante
en el que cobra forma.

Los hombres de fuego
siempre instintivos
personalizados en su propia creación.

Los de agua
los hombres que sí lloran
y beben en los bares
de las ciudades nubladas.

Los de aire
que piensan en toda solución
a ningún problema.

Y los hombres de tierra
los que sí se saben mortales
y luego descubren que no lo son.

Un atardecer del mundo
así como su nacimiento
son al día como a la madre
la belleza de la muerte
para volver a brillar
en un ciclo son fin.

Los hombres consumen drogas
como elementos disuasorios
de la honestidad del mundo
pues exhibe sin modestia alguna
todas sus carencias de inteligencia.

Por ello los jóvenes beben cada semana
cada vez más jóvenes y más semanas
para evadirse de la sinceridad de sus padres
sobre su total ausencia de juicio moral.

Pero luego me quedo mirando el árbol
solamente mirándolo, sin pensamiento
y es ahí cuando descubro su antigua sabiduría
en residir, sencillamente, sin hacer daño.