Serafín Se vive en una jaula.
Lucha, sufre y paga por ella.
Despierta sonriente a su hijo
y le lleva a la jaula de niños
en una burbuja de metal
por el asfalto caliente.
Los niños van de negro
y en silencio, en fila india,
se meten en el edificio Nº27.
Todo minuciosamente calculado.
Al hijo de Serafín Se le enseñan
a ser Serafín Se.
Después llega el olvido,
y Serafín Se, sus educados niños,
los maquiavélicos maestros, los jueces,
Belvedere Rebis Re y estas palabras
se esfuman con todo hacia la nada.
Y el cosmos nada supo de todo esto.
(Menos mal)
Belvedere