11 de enero de 2013

Ahora, que amanece, que despierto sin haber dormido, que en mi cuerpo se genera una oleada de energía para sobrecompensar el confuso cansancio que siento, salgo al parque para colmar mi sensibilidad desnuda y dolorosa. En este estado cada sonido se agranda hasta el horror, la luz daña, ¡y el aire entra tan fresco y recién nacido! Los brillos de la naturaleza me sacuden hasta las lagrimas. Es mi momento poético...por eso yazco a solas. Fuerzo mi cuerpo hasta que los estímulos provenientes del exterior sean verdaderas oleadas de éxtasis, a veces doloroso, pero en la mayoría de los casos tan placentero que no me queda más que concebir los sucesos como regalos del majestuoso cielo que ahora contemplo. ¡Las nubes tan gordas, carnosas, y preñadas de luz! Mi mente se separa, y en el algodón que queda entre sombra y sombra nace un rayo oblicuo de cristal que calienta todo alrededor. Mi cabeza ahora es un universo de sol, mis ojos astros que escrutan al mundo, y la respiración que jadea en todo me atraviesa la carne, no hay distancia ni diferencia entre mi cuerpo y el viento, entre los otros cuerpos y la luz. No he dormido, pero no importa, mi frente ahora es un cielo, y se deshace en nubes y luces como se deshace mi pensamiento.