15 de enero de 2013

¡Como le desquicia al hombre original,
y eso que no hay hombre original alguno,
escuchar sus palabras en bocas de los otros!
¡Como le rechina, y le sabe mal oírse en los demás!
Cómo le duele al músico cuando su obra sale de otro alma,
como la madre que pega a su hijo y cuida al hijo de su vecino...
¡Vampiros! Los hombres somos vampiros, y llenas las bocas de sangre,
buscamos sedientos la próxima alma a la que succionar,
el siguiente pensamiento que parasitar,
la nueva emoción que arrebatar.