4 de enero de 2013

Cuántas veces veo, con una mezcla de asombro y abatimiento, cómo los hombres sacan pecho cuando debieran bajar cabeza, cómo se envanecen y se jactan de las cosas más rastreras, cómo se crecen y se afirman haciendo orgullo de sus males mientras intentan ocultar ávidamente la poca bondad que queda en sus corazones.