El ser humano
empeñado en buscar lo divino
oh, cuánto sufro
al verlo en sus ojos
en un abrazo
en el sonido del arpa
en el agua, en la tierra
¿qué hay más divino
que nosotros mismos?
¿y nuestros frutos y bosques
y nuestras plantas y vinos?
Oh, cuánta ignorancia
en buscar hacia fuera
lo que tenemos dentro
la capacidad de soñar
de ver más allá del tiempo
de vivir rodeados de tanta belleza
tanta naturaleza, y la destruimos
como nos destruimos a nosotros
al no comprender
que ni las propias estrellas
brillan más
que nosotros mismos.