Hay un gris pensamiento
que me enmudece siempre
a la hora de sentarme a escribir.
-Todo lo que dices no sirve de nada-
Mi cerebro se anula, mi corazón se resiente,
y al intentar volver a escribir, el horror,
la nada, vuelve a nacer en mi mente.
-Es todo inútil, inútil, Ana-
¿Algún estúpido me llamaría nihilista?
Lo que dicen los estúpidos tampoco vale nada.