19 de enero de 2013

Olvido trascendental, oblicuo, firme. Rodea tu organismo sin antelación, lo consume y se alberga en él hasta que el infinito lo crea necesario. Nos muestra el camino avanzado en imágenes, en palabras e incluso en recuerdos y pensamientos vivos, haciéndonos analizar la estructura de la vida pasada, apagando sus calles y dejando tras de sí un umbral de incertidumbre y alegre depresión. Olvido progresivo en el que la mente almacena tan solo los necesario para comprender, para avanzar, para mejorar y continuar el camino que está por venir. Camino que comenzará en el momento en que esa fuerza súbdita del universo abandone nuestro cuerpo y deje vía libre a la experimentación humana, al afán de conocer y el extraño placer de observar. Bienvenido sea el olvido.