11 de febrero de 2013

A.


No tengo sueño. Me hubiera gustado que Manuela durmiera hoy conmigo, pero como siempre, dice que tiene planes con sus amigas, y yo lo último que quiero es molestar. Pero siempre me terminan dejando sola. No quiero ser una carga para mis hijos, ante todo, sobretodo, no quiero eso. Hace dos días que no bebo  nada y mañana tampoco tengo nada que hacer. Puedo quedarme en casa descansando, viendo películas. Sólo quería que se quedaran conmigo, no me gusta estar aquí sola.
Voy a ponerme un whisky, odio el sabor del whisky, odio beber whisky, odio que mis hijos me digan que bebo whisky, odio el olor del whisky, odio despertarme al día siguiente con la conciencia de whisky, odio el recuerdo del whisky, odio esta casa, odio estos muebles que parece que me obligan a beber whisky. Otro whisky, odio odiarme por beber whisky, ¿qué coño sabrán ellos de por qué bebo whisky? No saben nada, me tratan como a una imbécil y yo no soy ninguna inmadura, es sólo que estoy esperando a tener nietecitos, a tener una razón para no beber whisky, porque parezco estar castigada a beber whisky y no es cosa mía. No, no es cosa mía esto del whisky. Con los nietos, se terminará, por fin. No quiero volver a beber whisky, mañana no beberé whisky porque no lo necesitaré. El domingo, cuando vuelvan, me acostaré feliz, porque ellos son el único motivo por el que a veces no bebo whisky.