No
tengo sueño. Me hubiera gustado que Manuela durmiera hoy conmigo, pero como
siempre, dice que tiene planes con sus amigas, y yo lo último que quiero es molestar. Pero
siempre me terminan dejando sola. No quiero ser una carga para mis hijos, ante
todo, sobretodo, no quiero eso. Hace dos días que no bebo nada y mañana tampoco tengo nada que hacer.
Puedo quedarme en casa descansando, viendo películas. Sólo quería que se
quedaran conmigo, no me gusta estar aquí sola.
Voy
a ponerme un whisky, odio el sabor del whisky, odio beber whisky, odio que mis
hijos me digan que bebo whisky, odio el olor del whisky, odio despertarme al
día siguiente con la conciencia de whisky, odio el recuerdo del whisky, odio
esta casa, odio estos muebles que parece que me obligan a beber whisky. Otro
whisky, odio odiarme por beber whisky, ¿qué coño sabrán ellos de por qué bebo
whisky? No saben nada, me tratan como a una imbécil y yo no soy ninguna
inmadura, es sólo que estoy esperando a tener nietecitos, a tener una razón
para no beber whisky, porque parezco estar castigada a beber whisky y no es
cosa mía. No, no es cosa mía esto del whisky. Con los nietos, se terminará, por
fin. No quiero volver a beber whisky, mañana no beberé whisky porque no lo
necesitaré. El domingo, cuando vuelvan, me acostaré feliz, porque ellos son el
único motivo por el que a veces no bebo whisky.