12 de febrero de 2013

Imaginar un mundo de luz. Un mundo uno, en el que tan solo hay resplandor.
La unión de ese mundo es el amor. No hay diferencia alguna, no hay división.
Ahora imaginar que ese único mundo hecho de luz, destinado para estar unido,
comienza a dividirse en frascos negros que hacen de ese mundo un sin sentido.
La luz de dentro de los frascos tiende a la unión con la luz que fuera ha quedado,
pero es imposible que se reencuentre, pues los frascos negros son duros, opacos.
Así es nuestra alma. Ella está hecha de esa luz. Nuestros orgullos son ese frasco.


ATLAN